Simbad y el gigante Polifemo

En el capítulo anterior de las aventuras de Simbad, leímos como nuestro protagonista quedaba encerrado en un valle poblado de serpientes, del que logró escapar con grandes riquezas gracias a su astucia y optimismo. Volvió el carguero Simbad pues, a la casa de su homónimo, esperando escuchar más aventuras que le permitieran descubrir como se había hecho tan rico. Como de costumbre, comieron y bebieron amenamente, y después el antiguo marinero volvió a hablar. —Me aburrí pronto de la vida de comerciante, como las veces anteriores, y me dispuse a tomar otro barco en Basora, para adentrarme en el mar (…) Leer el Cuento Infantil >>

Simbad en el valle de las serpientes

En nuestra última aventura, vimos como Simbad llegaba hasta una isla que no era más que una ballena dormida en el océano. Aquella experiencia por poco lo hacía morir en el mar, pero nuestro héroe consiguió volver a casa cargado de tesoros. Al día siguiente de haber escuchado aquella historia, el carguero Simbad (hay que recordar que aquel humilde hombre se llamaba igual que él), volvió a su residencia para seguir escuchando sobre sus aventuras. Él le hizo sentarse a la mesa de nuevo y comieron en abundancia. Entonces, el antiguo marino comenzó a relatar lo que ocurrió en su (…) Leer el Cuento Infantil >>

Simbad y la isla viviente

Durante nuestra última historia sobre Simbad, nos enteramos de como aquel rico comerciante adquirió grandes riquezas y como, con gran humildad, invitó a comer a un humilde carguero que se llamaba igual que él, para contarle sus grandes aventuras. —Es cierto que provengo de una familia con gran fortuna —le dijo él mientras comían de los manjares de su banquete—, aunque ni de lejos era tan grande como la que posea hoy. El día que mi padre murió me legó todos sus bienes, entre ellos un hermoso barco. Vendí todo lo que tenía y me hice a la mar para buscar (…) Leer el Cuento Infantil >>

Simbad el rico y Simbad el pobre

En una ciudad muy lejana del Medio Oriente, habitaba un hombre muy humilde llamado Simbad. Él se levantaba todos los días con las primeras luces del sol, salía de casa para tomar la carreta que arrastraba con sus propias manos y se hacía a las calles, para ofrecer sus servicios transportando todo tipo de mercancías. Muchos mercaderes ya lo tenían como el mejor carguero de los alrededores. Su humilde transporte había llevado tapetes persas de diversos colores, sedas finas, especies traídas de lugares exóticos y arcas repletas de oro, entre otras pertenencias que le encargaban los grandes señores que iban (…) Leer el Cuento Infantil >>

Nieve Blanca y Rosa Roja

Había una vez una mujer que vivía en lo más profundo del bosque, dentro de una cabaña bajo cuya ventana florecían dos rosales, uno blanco como la nieve y uno rojo como la sangre. Al poco tiempo, le nacieron dos niñas tan bellas que decidió nombrarlas como sus queridas flores: Nieve Blanca y Rosa Roja. Ambas crecieron hasta convertirse en muchachas con una gran belleza y corazón. Siempre que salían para recoger bayas o leña, los animales se les acercaban dócilmente. Nieve Blanca era la más tranquila de las dos y amaba tejer con su madre por las tardes, mientras (…) Leer el Cuento Infantil >>

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