Fábulas de Esopo

Zeus y la tortuga

Hubo un tiempo en el que los dioses dominaban el mundo y los animales vivían en abundancia. A ellos les gustaba mirar las bondades de su creación, desde el más pequeño y humilde de los mamíferos, hasta la más poderosa y elegante de las aves. Amaban las flores, los árboles, los ríos y las montañas. Y era por eso que muy a menudo hacían fiestas en el Olimpo, en las que se reunían para celebrar toda esa perfección.

Un día, Zeus quiso hacer la más grande de todas y por lo tanto, tuvo a bien invitar a todos los animales que existían en el planeta.

—Queridos amigos —les dijo—, quiero que todos estén presentes para disfrutar con nosotros. Aves, reptiles, mamíferos, insectos, ¡todos están invitados! Y no se preocupen, porque mientras estén en la tierra de los dioses tendrán todo lo que necesiten. Nadie tendrá necesidad de comerse a nadie. En estos días de fiesta, estamos de tregua y todos vamos a vivir en paz.

Al escuchar las palabras del dios, todos los animales estallaron de júbilo y comenzaron a hablar de lo que iban a usar en el Olimpo, como se iban a ir.

—Y tú tortuga, ¿qué te vas a poner? Debemos estar presentables ante Zeus —le dijeron a la tortuga unos pececillos, que iban a tomar la desembocadura de un río que subía hasta el cielo.

—Yo no pienso ir a esa fiesta —dijo ella sin preocuparse.

—¿Pero por qué no? —inquirieron sus amigos preocupados— ¿Qué no ves que puedes ofender al más importante de los dioses? Además, todo el mundo se muere por ir. Vamos a bailar, a comer y a estar todos juntos. ¿No quieres divertirte?

—Prefiero la seguridad de mi caparazón —dijo la tortuga presuntuosamente—, no confío en esos otros animales. Además, podrían pasarme muchas cosas en el camino… no, aquí estoy bien.

Fueron todos los animales a la gran fiesta de Zeus y se divirtieron mucho. La tortuga se quedó y cuando la deidad notó su ausencia, se extrañó muchísimo. Al día siguiente de la celebración fue a buscarla para averiguar la razón.

—¿Por qué no te presentaste en mi fiesta? Dije que todos estaban invitados.

—¡No hay nada como el hogar! —respondió la tortuga, feliz y sin vergüenza.

Al escuchar esto, Zeus se enfadó muchísimo. ¿Cómo era posible que ese animal despreciara sus atenciones,si se había esforzado mucho por complacer a todos los animales?

—Criatura necia —farfulló el dios—, pues ya que te gusta tanto estar metida dentro de ese caparazón, ahora lo has de llevar a cuestas día y noche sin descanso. Nunca encontrarás seguridad fuera de esa dura coraza que tienes.

Y es por eso que hasta el día de hoy, todas las tortugas nacen con un caparazón y jamás pueden salir de él.

Moraleja: Nunca te encierres en tu mundo, sal y anímate a conocer gente nueva, hacer amigos. A veces, por quedarnos en la seguridad de nuestra casa, nos perdemos de las mejores sorpresas que la vida tiene para ofrecernos.

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Erika GC

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