Un milagro de Navidad

Publicado por: Erika GC

A pocos días de salir de vacaciones de invierno, un profesor llegó a clase con sus estudiantes y anunció que dejaría una tarea muy especial para vacaciones. Los chicos protestaron.

—No es justo, maestro —dijeron—, nosotros no queremos estudiar en Navidad.

—No les voy a pedir que estudien —repuso el profesor con una sonrisa—, mi tarea es mucho especial que lo que pueden aprender en los libros.

Sus alumnos se miraron entre sí con sorpresa.

—Quiero que consigan todos los juguetes que puedan y que vayan, y los obsequien a los niños que más los necesitan —dijo el maestro—, así podrán aprender cual es el verdadero significado de estas fechas. Quiero que ayuden y sean generosos con alguien.

Los chicos aceptaron la tarea con gran alegría y, después de hacer una colecta entre todos, reunieron suficiente dinero para comprar algunos juguetes.

Decidieron ir al hospital infantil de la ciudad, pensando que a los niños que estaban enfermos en una fecha tan importante, les haría ilusión recibir obsequios. Todos se vistieron como elfos de Navidad y llegaron a la clínica con los regalos en un enorme saco.

Pero cuando entraron allí, se dieron cuenta con estupefacción que había muchos más niños de los que habían pensado.

Todos estaban aquejados de alguna enfermedad de consideración, pero les observaban con mucha ilusión en los caritas. Y los recién llegados, temerosos de decepcionarlos a todos, pensaron rápidamente en que podían hacer. No les iban a alcanzar los juguetes para todos.

Así que decidieron que entregarían solo a los más pequeños y después volverían con más regalos para el resto.

Abrieron pues su saco y se dispusieron a repartir todos los juguetes que habían traído consigo. Pero cual fue su sorpresa, al ver que estos no parecían terminarse. Siempre que metían la mano aparecía algo nuevo para el siguiente niño que aguardaba con esperanza en su cama. Y así fueron entregándolos, hasta que ninguno de los pequeños pacientes se quedó sin su presente.

—¿Cómo es posible? —se preguntó uno de los alumnos— Si en la juguetería solo compramos regalos para unos cuantos. Y aquí los había por decenas.

Ninguno de ellos se supo explicar como había ocurrido aquello. Pero lo importante era que los niños estaban felices.

Al volver de las vacaciones invernales, le contaron a su maestro lo que había ocurrido. Este sonrío enigmáticamente, como si supiera algo que ellos ignoraban.

—¿Sabe usted que pudo haber pasado, profesor?

—Lo único que sé —dijo él—, es que cuando varias personas se unen para hacer un acto noble desde el corazón, todo es posible. Así que no se pregunten más como sucedió aquello. Ustedes crearon un milagro para esos niños con la magia de sus corazones.

Con este cuento para niños hemos aprendido que la generosidad es inagotable. Todos tenemos nuestro propio saco de regalos que jamás se vacía. Este está dentro de tu corazón, lleno con sentimientos nobles como la amistad, el amor y la nobleza, con los que siempre podrás reconfortar a quienes más lo necesiten.

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Publicado por: Erika GC

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