Ruth y las espigas de trigo

Publicado por: Erika GC

Hubo un tiempo hace cientos de años, en que una sequía terrible azotó a la tierra. Las personas y los animales morían de hambre y en muchas partes de Israel se vivía una gran miseria. Fue así como un hombre llamado Elimelec, emigró desde Belén con su mujer y sus dos hijos hasta Moab, un lugar que vivía en la abundancia. No obstante, ahí no adoraban al Dios hebreo, sino a los ídolos.

Vivía allí una mujer llamada Ruth que no era la excepción. Día y noche se arrodillaba delante de dioses falsos y estatuas que representaban a criaturas blasfemas. Sin embargo, al enamorarse de uno de los hijos de Elimelec, aceptó abrirle su corazón a Dios y desde entonces fue una sierva devota.

Cuando Elimelec murió junto con sus dos varones, su mujer, Naomí, se quedó sola con sus nueras. La anciana decidió regresar a Belén y les dijo a los jóvenes que permanecieran en Moab para casarse de nuevo. Sin embargo, Ruth se rehusó y le prometió que continuaría con ella hasta el final. Así que las dos retornaron juntas, pues se decía que Dios se había compadecido una vez más de Israel, llevando pan a su pueblo.

Una vez en Belén, Ruth se propuso trabajar con empeño para alimentar a su suegra. Todos los días acudía al campo donde trabajaban los cosechadores de trigo, para recoger las espigas de que se les caían de las manos. Con ellas hacía pan para que ella y Naomí pudieran alimentarse.

De esto se dio cuenta Booz, el dueño de los cultivos. Enternecido por la bondad de Ruth, ordenó a sus jornaleros que dejaran caer más espigas a propósito para ella.

Con el tiempo, Booz llegó a conocer a Ruth y ambos se enamoraron. El hombre quería convertirla en esposa, aunque ese derecho lo tenía un pariente cercano de su antiguo esposo, el cual ansiaba las tierras que la joven había heredado. Pero no la quería a ella. Sin embargo, la ley estipulaba que para obtener los terrenos de la familia, era necesario un matrimonio.

Booz pensó en este dilema por largo tiempo y resolvió negociar con ese hombre para llegar a un acuerdo.

Su plan funcionó. El pariente renunció a su derecho como familiar y Booz se casó con Ruth, quien siguió cuidando de Noemí en su nuevo hogar. Su suegra a menudo, elevaba la cabeza para agradecer a Dios por haber puesto a aquel hombre en sus vidas.

Con el paso del tiempo, Booz y Ruth tuvieron un hijo al que llamaron Obed, quien más adelante sería abuelo de David, el rey más benévolo de Israel. Y David, a su vez, sería uno de los antepasados a Jesús, quien nació en el pueblo natal de Noemí y creció para convertirse en el salvador de la humanidad. Así se cumpliría una de las más grandes profecías sobre el hijo de Dios, quien descendería directamente de los grandes gobernantes de Israel.

Por eso es que le llaman, “el rey de reyes”.

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Publicado por: Erika GC

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