Cuentos Clásicos para Niños

Pulgarcito (2da parte)

En nuestro capítulo anterior de Pulgarcito, vimos como el protagonista se iba con aquellos dos viajeros, que querían exhibirlo de pueblo en pueblo para hacerse ricos. El pequeño muchacho, que iba sentado en el ala del sombrero de una de ellos, le pidió después de un rato que lo bajara al suelo pues necesitaba estirar las piernas.

—¡Bah! Ya verás como en seguida llegamos —le dijo el forastero.

—Solo será un momento —insistió Pulgarcito.

Finalmente, el hombre lo dejó bajar y tan pronto como estuvo en el suelo, Pulgarcito se echó a correr para internarse entre la maleza y les ritó de manera burlona:

—¡Nos vemos luego, amigos! ¡Puede proseguir el resto del viaje sin mí!

Muy enojados, los viajeros encendieron un par de antorchas y fueron detrás de él, esperando poder capturarlo. Pero Pulgarcito era tan chiquito y sabía esconderse tan bien en medio de las plantas, que no lo pudieron hallar y terminaron por devolverse a su carruaje muy enojados. Una vez que estuvieron lejos, Pulgarcito salió de su escondite y se dio cuenta de que ya era muy noche.

—Es mejor que busque un lugar para dormir y poder regresar a casa mañana temprano —se dijo.

En ese momento vio una concha de caracol vacía y se metió en ella. Justo cuando estaba a punto de dormir, escuchó que pasaba un par de ladrones haciendo planes para cometer una fechoría.

—¿Cómo vamos a hacer para robarle todo su dinero al cura? —preguntó uno de ellos.

—¡Yo te lo puedo decir! —gritó Pulgarcito desde la concha.

Los ladrones, muy sorprendidas, la levantaron y se la acercaron al oído para escucharlo con más claridad.

—¿Qué estás diciendo tú, infeliz bicho? ¿Acaso nos vas a ayudar?

—Si me llevan con ustedes hasta la casa del cura, puedo meterme entre los barrotes de su ventana y desde ahí pasarles todo lo que quieran —dijo Pulgarcito.

A los ladrones les pareció tan buena idea, que aceptaron y se pusieron de camino. Ya en el hogar del cura, Pulgarcito entró por la ventana y gritó con voz muy fuerte:

—¿Quieren robar todo lo que hay aquí?

Los maleantes, asustados porque alguien lo fuera a escuchar, le susurraron que hablara más bajito. Más Pulgarcito hizo como que no los escuchaba y volvió a gritar:

—¿Qué es lo que quieren? ¿Se van a llevar todo lo que hay?

Fue escuchado por la cocinera del cura, que se levantó para ahuyentar a los ladrones. Pero luego de un rato volvieron y le hablaron a Pulgarcito.

—¡No seas así, danos aunque sea una cosa!

—Les daré todo lo que quieran —gritó él—, solo acérquense y alarguen sus manos.

Al escucharlo la criada, rápidamente salió de la cama y los ladrones se marcharon corriendo como alma que llevaba el diablo. Y la criada, al no notar nada extraño, volvió a la cama para dormir.

Pulgarcito siguió buscando un sitio donde poder descansar y así regresar a primera hora del día con sus padres. Aunque las aventuras de esa noche apenas estaban empezando.

CONTINUARÁ…

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Acerca del autor

Erika GC

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