¿Por qué los perros se olfatean la cola?

Publicado por: Erika GC

¿Has notado que siempre que dos perros se encuentran, inmediatamente se olfatean la cola? Esta es una costumbre muy graciosa que tienen nuestros mejores amigos para reconocerse, y que nunca imaginarías de donde proviene.

Cuenta una vieja leyenda que hace mucho tiempo, cuando las tribus indígenas poblaban toda América, en el territorio de México, los hombres comenzaron a domesticar a los perros para que estos les sirvieran. Ellos les ayudaban a ahuyentar a las bestias, cuidaban sus casas y les avisaban por medio de sus ladridos si algún intruso se estaba acercando.

Los perros, como es bien sabido, son animales de noble corazón que no piden nada a cambio de los humanos, más que un techo donde dormir, algo de comida y un poco de su cariño. Desafortunadamente, en ese entonces las personas eran muy desagradecidas y trataban mal a sus mascotas a pesar de lo útiles que eran.

Esto entristeció muchísimo a los canes, que decidieron reunirse un día para deliberar que podían hacer. Todas las razas de perritos, desde los más chiquitos hasta los más grandes, se juntaron en un sitio secreto.

—¿Qué podemos hacer para que los humanos nos traten mejor? —se preguntaban— Nosotros les damos nuestra amistad y mejor esfuerzo, y no recibimos ni un agradecimiento a cambio.

—Solo hay alguien que puede ayudarnos con esta situación —dijo uno de los perros más ancianos—, acudamos con Tláloc, el dios de la lluvia. Él siempre escucha a todos los animales y si le contamos lo que nos sucede, seguramente se le ocurrirá algo para hacer que las cosas cambien.

Todos los perros ladraron con alegría y se mostraron de acuerdo. Así, se pusieron de acuerdo para escribirle un mensaje a la deidad, mismo que tendría que ser llevado hasta su templo, que quedaba a kilómetros de ahí.

—¿Pero quién será el encargado de llevárselo? —preguntó alguien— No podemos encargarle esta carta a cualquiera, es muy importante.

Después de mucho deliberar, los perros escogieron a un can enorme y musculoso, de gruesas patas y pelaje negro. Era tan fuerte y tan ágil, que seguramente podría hacer todo el viaje sin cansarse. Y él, al ser elegido, se puso inmensamente feliz.

—No puedes llevar el mensaje en ninguna de tus patas porque las necesitas todas para correr —le dijeron los demás—, tampoco en el hocico, porque entonces llegaría mojada. Vamos a guardarla debajo de tu cola, allí se mantendrá perfectamente.

El mensajero estuvo de acuerdo y partió, en un viaje que se extendió por días, luego en semanas y finalmente, en largos años. Como no tenían noticias de él, los perros lo buscaron por mucho tiempo, sin volver a verlo.

Dicen que hasta el día de hoy lo siguen buscando.

Como ha pasado demasiado tiempo, se han olvidado del aspecto que tenía o el tono de su ladrido. Y es por eso que cada vez que se encuentran con otro entre ellos, lo primero que hacen es olfatearle la cola. Todavía esperan ver allí la carta que era para Tláloc.

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Publicado por: Erika GC

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