Piel de Oso (2da parte)

Publicado por: Erika GC

En nuestro capítulo anterior, fuimos testigos de como un guerrero noble se veía obligado a aceptar la penitencia del diablo para subsistir después de la guerra. Sin tener ningún lugar al cual ir, Piel de Oso anduvo de pueblo en pueblo, cargando aquella abominable piel que hacía que todos le tuvieran miedo. En cuestión de días, la suciedad se acumuló en su cuerpo como una plaga que obligaba a las personas a apartarse de él.

Nadie quería dejarlo entrar en su casa a pasar la noche. A causa de su mugriento aspecto, la gente lo miraba con desdén y trataba de ahuyentarlo como si fuera un animal. Solo cuando él sacaba las manos de sus bolsillos, repletas de monedas de oro, había quienes por codicia le dejaban quedarse en un rincón.

Los años pasaron y Piel de Oso se transformó en un hombre realmente repugnante. Tenía una larga maraña de cabello, el rostro y las manos ennegrecidos por el polvo, las uñas largas y una mirada desvalida. Sus ropas no eran más que harapos y la piel que llevaba sobre su espalda, despedía un olor desagradable e imposible de soportar.

A pesar de su ruin aspecto, él seguía siendo en el fondo el muchacho noble que había peleado en la guerra. Con su dinero, ayudaba cuanto podía a los más necesitados y regalaba generosas limosnas a orfanatos y hospitales. Cuando alguien pasaba hambre, él le compraba comida sin esperar nada a cambio.

Las personas no hacían más que preguntarse como era que, teniendo tanto dinero, no era capaz de bañarse ni comprarse ropas nuevas. Pensaron que tenía malos hábitos y lo volvió aun más marginado.

Un día, cuando se encontraba en el cuarto año de su penitencia, Piel de Oso escuchó los lamentos de un pobre viejo que estaba hasta el cuello de deudas. El pobre había tenido que vender todos sus bienes y se encontraba hundido en la miseria. Para colmo, no sabía como iba a mantener a sus hijas, tres hermosas jovencitas que vivían en un humilde cuarto de posada con él. Pero muy pronto, iban a echarlos.

Piel de Oso se conmovió y decidió ayudarlo.

—No te preocupes, buen hombre —le dijo—, llévame con el posadero, que yo voy a pagar tus deudas. Y además te haré un obsequio, para que puedas mantener a tus hijas.

El hombre lo llevó a la posada, donde Piel de Oso saldó su deuda y le dio un saco lleno de monedas de oro. En agradecimiento, el viejo le prometió que le daría la mano de una de sus hijas en matrimonio, pero cuando las muchachas lo vieron se quedaron horrorizadas.

—¡Qué horrible es! —exclamó la mayor, huyendo despavorida.

—¡Cómo apesta! Yo no voy a casarme con este indeseable —lo insultó la mediana con desprecio.

La pequeña no dijo nada, resignada a ser quien se casara con él. Llena de miedo, aceptó el anillo que Piel de Oso le obsequió, prometiéndole que en tres años más regresaría a casarse con ella.

CONTINUARÁ…

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Publicado por: Erika GC

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