Cuentos Infantiles con Moraleja

Persiguiendo dos conejos

Había una vez un muchacho en Japón, que quería convertirse en el más importante experto de artes marciales del mundo. Pero para eso, claro estaba, iba a tener que esforzarse durante años y años, hasta conseguir ser el mejor. Lamentablemente el chico era muy impaciente y no le gustaba tener que esperar. Así que una mañana, después de bañarse y ponerse su mejor traje de karate, fue a visitar a un maestro.

—He escuchado por ahí que eres muy bueno con las artes marciales —le dijo—, me gustaría que me enseñaras todo lo que sabes, para poder ser igual de bueno que tú.

—Muy bien —le dijo el maestro—, pues vas a venir a entrenar conmigo todos los días, sin falta, por las mañanas.

El muchacho aceptó y se despidió, prometiendo regresar al día siguiente. Inmediatamente acudió a ver a otro maestro, del cual también se decía, dominaba las artes marciales a la perfección, aunque tenía un estilo diferente al del primero.

—Me han dicho que eres el mejor en lo que haces —dijo el chico—, quiero que me enseñes lo que sabes y así, un día podré ser tan hábil como lo eres tú.

—Pues bien —dijo el segundo maestro—, mañana te espero para comenzar a entrenar. Vamos a estar entrenando todos los días, sin excepción, por las tardes.

Su nuevo estudiante le agradeció y se marchó a casa tan contento. Ahora iba a aprender artes marciales de dos de los mejores maestros en todo Japón y estaba seguro de que muy pronto, lograría convertirse en un gran peleador.

El primer día de entrenamiento llegó y el chico se quedó muy agotado. Ambos maestros eran muy exigentes y le enseñaban de forma tan distinta, que lo que aprendía con uno no parecía servir de nada con el otro. Mientras las semanas pasaban, su cansancio era cada vez más grande y lo peor, ¡era que realmente no estaba aprendiendo nada!

—No sé donde tienes la cabeza —le decían sus maestros, cuya paciencia se agotaba—, parece que no has entendido nada de lo que te he enseñado.

Un día el muchacho sintió que no podía más. Fue a ver a su primer maestro y le contó que por las tardes recibía clases de alguien más.

—Pensé que teniendo a dos buenos maestros, iba a aprender de artes marciales más rápido pero es todo lo contrario —dijo con tristeza—, ¿por qué no puedo lograr nada de lo que me propongo?

—Tú puedes hacer todo lo que te propongas —le dijo el maestro con una sonrisa tranquila—, pero estás actuando igual que un cazador que persigue conejos. Si va detrás de uno, es muy probable que lo alcance. Pero si trata de atrapar a dos al mismo tiempo, no podrá quedarse con ninguno.

Moraleja: Cuando deseas lograr algo, además de esforzarte por conseguirlo, debes elegir un único camino para hacerlo. Puede que encuentres muchas formas de alcanzar tu meta, pero no importa cuantas de ellas intentes seguir, sino ser constante con una sola.

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Acerca del autor

Erika GC