Cuentos de Aventura para Niños

Paseando en el trineo de Santa Claus

Una víspera de Navidad, en una casa donde el árbol navideño y las galletas con leche esperaban al buen Santa Claus, un niño llamado Charlie esperaba con emoción para ver llegar al barbudo hombre. Se había quedado despierto toda la noche, escondido detrás de su pino decorado para darle la bienvenida. De pronto, escuchó unas pisadas extrañas en su techo y a continuación, algo que bajaba por la chimenea.

¡Era él! ¡Era Santa Claus!

El rollizo hombre apareció ante sus ojos, llevando consigo un costal repleto de regalos. Iba vestido con su característico traje de color rojo y tenía una inmensa barba blanca, que le llegaba hasta la cintura.

—Jo jo jo —lo escuchó reír y entonces Charlie salió de su escondite.

—¡Feliz Navidad, Santa Claus!

—Vaya, vaya, si esto no me lo esperaba —dijo Santa ajustándose los lentes e inclinándose a verlo mejor—, ¿qué haces aquí, jovencito? ¿No se supone que deberías estar dormido? Sabes que no es hora de abrir tus regalos sino hasta mañana.

—Ya lo sé, no es por eso que me he quedado despierto —dijo Charlie—, la verdad es que quería pedirte un obsequio muy especial.

—Bien, ¿de qué se trata?

—Quisiera que me dejes subir contigo a tu trineo y acompañarte a llevarle regalos a todos los niños del mundo —dijo Charlie emocionado—, yo también quiero llevarles alegría y mis mejores deseos.

—Nunca nadie me había pedido algo así —dijo Santa—, pero has sido un niño muy bueno durante todo el año. Está bien, puedes acompañarme, sube conmigo.

Charlie fue con Santa Claus a su trineo y se sentó de copiloto, justo al lado de él.

—¡Vamos por los aires, Trueno y Centella! ¡Vamos volando como el viento, Saltarín! ¡A correr, Cometa! ¡Alúmbrame el camino, Rodolfo! —le habló Santa a sus renos.

Los renos comenzaron a andar por el cielo y Charlie sintió como el viento de Diciembre sacudía sus cabellos. Se elevaron alto, muy alto, casi hasta alcanzar las estrellas y entonces el niño vio todos los lugares del mundo, que solo había conocido a través de sus libros y la televisión.

Anduvieron por encima de las enormes pirámides de Egipto, sobrevolaron los ríos de la selva amazónica, pasaron por encima de la Torre Eiffel y el Big Ben, y vieron a los animales que vivían en la sabana africana. Todo esto llenó al chiquillo de ilusión y de alegría. Cuando se detenían en los tejados, Charlie le ayudaba a Santa a dejar los regalos de cada niño y él era feliz, imaginándose lo contentos que estarían al día siguiente.

Así transcurrió el resto de la noche, en la cual Charlie fue capaz de conocer el mundo entero.

Cuando se despertó en la mañana de Navidad, se preguntó si todo aquello habría sido un sueño. Bajó al árbol para abrir sus regalos y se encontró, entre todos los obsequios, una diminuta bola de nieve que mostraba un trineo llevado por renos y conducido por un hombre vestido de rojo. Y un mensaje especial:

“Gracias por ayudarme a entregar regalos”.

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Erika GC

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