Nian, el monstruo

Publicado por: Erika GC

En este cuento para niños aprenderemos lo importante que es permanecer unidos en la adversidad y como el ingenio siempre es bueno para vencer el miedo.

Hace mucho tiempo, habitaba cerca de una humilde provincia de China un enorme dragón llamado Nian. Tenía una cabeza monstruosa, con ojos saltones y afilados colmillos, largos bigotes que arrastraban por el suelo y unas cejas pobladas, y dos orejas puntiagudas con las que escuchaba a miles de kilómetros. Su cuerpo era largo y lleno de escamas impenetrables. y su cola como látigo que provocaba fuertes tempestades.

A Nian le gustaba aterrorizar a un pequeño pueblo para que sus habitantes le diesen todo lo que deseaba. Año con año tenían que pagarle un enorme tributo, pues de lo contrario Nian quemaría sus casas, se comería sus cultivos, destruiría sus pertenencias y se robaría a sus hijas.

Por eso nadie se atrevía a llevarle la contraria, aunque tuvieran que hacer un gran esfuerzo por completar el tributo. Pero las personas cada vez tenían menos comida y no sabían como escapar de Nian.

Aquel día, cuando el dragón iba de camino a recoger su tributo, un lugareño salió a regar su jardín vestido con una túnica roja. Aquel brillante color llamó de inmediato la atención de la bestia, que por un momento cerró los ojos. Ese tono tan intenso se los había lastimado.

Y el hombre, al sentir la presencia del intruso tan cerca, se dio la vuelta y se asustó al verlo, tirando al suelo su regadera metálica. El objeto hizo un ruido estruendoso que penetró en los sensibles oídos de Nian y lo hizo huir a toda prisa, aullando. Al ver esto, aquel señor corrió a avisar a todos sus vecinos y pronto se organizaron con sonajeros, tambores y todo tipo de cosas que les permitieran hacer tanto ruido como fuera posible.

Además, las mujeres elaboraron banderas de color escarlata para lastimar los ojos del monstruo.

Así, cuando Nian quiso volver de nuevo a reclamar su tributo, se encontró con que la gente se había organizado para ahuyentarlo. Ver las rojas banderas que habían hecho hizo que sus ojos lloraran un caudal de lágrimas y escuchar todos los sonidos que hacían, provocó que sus oídos ardieran como un mar de llamas.

Humillado y vencido, Nian volvió a su lugar entre las montañas, del cual nunca más volvió a salir. El pueblo festejó con gran alegría este acontecimiento y prepararon una gran fiesta.

Sin tener que rendirle tributo al dragón, resolvieron la falta de comida y volvieron a ser un pueblo próspero.

Es por eso que hasta hoy en día, el Año Nuevo sigue festejándose con tambores y sonajeros que hacen mucho ruido, así como banderas rojas que ondean en lo alto. La gente de China debe recordar que no importa cuan difíciles sean los tiempos que puedan venir, ellos jamás volverán a temer o bajar la cabeza. Además, esto les recuerda que un nuevo año siempre te da la oportunidad de ser una mejor persona.

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Publicado por: Erika GC

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