Cuentos de Terror para Niños

Los trolls

Juanito era un niño muy desobediente, al que no le gustaba bañarse. Siempre que su mamá le preparaba la tina, él se ponía a berrear en el suelo y tenían que llevarlo a rastras al baño. Nunca obedecía a sus padres y todo el tiempo andaba haciendo travesuras. Sus papás ya estaban cansados de tener que lidiar con sus malas maneras.

Un buen día, su abuelita fue de visita y le habló para contarle una cosa.

—Mira, Juanito —le dijo—, es muy importante que te bañes y andes limpio todos los días. Si no lo haces, toda esa suciedad se acumulará en tu piel haciéndola gruesa y arrugada como la de un troll. También te crecerán colmillos y uñas afilados, el pelo se te va a caer y tus ojos se volverán amarillos.

—Abuelita, ¿qué es un troll? —preguntó Juanito.

—Un troll es un ser desagradable que solo puede salir de noche, pues la luz del día los convierte en piedra —le respondió ella—. Los trolls se roban a todos los niños desobedientes y nunca más se les vuelve a ver. Así que deberías ser más amable con tus padres.

—Ja ja ja, abuela, ¡vaya cosas dices! —exclamó Juanito sin creerle ni una sola palabras.

Y sin más se fue a jugar, revolcándose en el suelo como siempre y haciendo un berrinche cuando su mamá intentó llevarlo a bañar de nuevo.

Por la noche, Juanito se encontraba confortablemente metido en su cama, cuando un ruido extraño lo hizo despertar. Miró hacia la ventana de su habitación y no vio nada. Echo un vistazo a la puerta y la encontró cerrada. Pero cuando se fijó en un rincón oscuro, encontró dos ojos amarillos que lo miraban fijamente y se quedó paralizado de miedo.

Una criatura horrible, sucia y sin pelo, lo miraba desde aquella esquina. Tenía dos afilados colmillos que sobresalían de su boca, las uñas largas y retorcidas, una piel maloliente y una calva que daba pena. ¡Era un troll!

Juanito gritó espantado y aquel ser espeluznante también lo hizo, imitando todos sus movimientos asustados. Fue entonces cuando el niño se dio cuenta de que justo en aquel rincón, había un espejo. Así que se estaba mirando a él mismo, ¡y se había convertido en un troll espantoso! Tal y como le había advertido su abuelita. Muy triste y asustado, Juanito comenzó a llorar, tocándose la piel rugosa a duras penas con las manos.

—¡No quiero ser un troll, no quiero ser un troll! —berreaba— ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Voy a portarme bien!

En ese instante, Juanito despertó sobresaltado y volvió a mirarse de pies a cabeza. Todavía tenía cabello, sus ojos, sus manos, sus dientes y su piel eran humanos. Todo había sido una pesadilla.

A partir de entonces, nunca más volvió a portarse mal con sus padres ni a hacer travesuras. Cada vez que su mamá lo mandaba a bañarse, él entraba en la tina con gusto y se aseguraba de quedar bien limpio, pues no quería convertirse en troll.

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Erika GC

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