Leyendas Infantiles Cortas

Los pétalos del crisantemo

Este hermoso cuento para niños, es la adaptación de una antigua leyenda japonesa que habla sobre el amor de una madre.

En lo más profundo de un bosque de bambú, vivía un matrimonio muy feliz con un hijo pequeño. El niño tenía dos años y era la adoración de ambos. Todas las mañanas iluminaba su jornada con su sonrisa y le besaban las mejillas para sentirse dichosos. Los tres se amaban mucho.

Pero un día, repentinamente, el pequeño enfermó y fue incapaz de levantarse de la cama. Apenas podía comer, tenía una fiebre que hacía que su frente ardiera como brasas y la carita tan pálida como un rayo de luna.

Preocupados, sus padres llamaron a un médico que fue incapaz de discernir su enfermedad. Consultaron con varios doctores recibiendo la misma respuesta y cuando el niño empeoró, trataron de curarlo con todo tipo de hierbas e infusiones, hongos y menjurjes. Lo llevaron con la curandera del pueblo más cercano y ella nada pudo hacer para aliviarlo.

El niñito se marchitaba sin remedio.

Sin otra alternativa, la madre decidió probar su última esperanza: ir a visitar a un anciano de largas barbas plateadas que vivía en el bosque y que se decía, era muy sabio.

—Cuida de nuestro hijo mientras voy a verlo —le dijo a su esposo—, él debe tener una cura para aliviar su enfermedad.

Así, se colocó una capa en los hombros y fue hasta la casa del anciano, que vivía en un rincón entre las montañas. Este la recibió con amabilidad y le pidió que le explicara el motivo de su visita. Cuando la afligida mujer le contó sus penas, el hombre solo pudo asentir con tristeza.

—Lamento decirte que no conozco la enfermedad de tu hijo, ni sé como curarla. Pero puedo decirte cuantos días va a vivir. Ve al bosque y encuentra una flor amarilla que se llama crisantemo. Córtala y ponte a contar los pétalos. El número de pétalos que tenga, será el de los días de vida que le queden a tu niño.

La madre fue en busca del crisantemo y cuando lo cortó, vio con desesperación que solo tenía cuatro pétalos.

Quiso llorar amargamente pero entonces, decidida a no darse por vencida, corto cada pétalo en tiras muy finas, hasta que esos cuatro se convirtieron en miles. Le llevó la flor entonces al anciano, que se quedó sorprendido al mirarla. Trató de contar sus nuevos pétalos y no pudo terminar, pues estos se habían vuelto infinitos gracias a la intervención de su invitada.

—Vaya, pues esto debe querer decir que a tu hijito le quedan miles de días por vivir. Crecerá, se convertirá en un hombre fuerte y formará una familia hasta que sea tan anciano como yo. Por tanto, vuelve a tu casa, querida.

Esperanzada, la mujer volvió a su cabaña y encontró a su bebé totalmente recuperado, riendo y tomando un plato de sopa que le había hecho su esposo.

Y es por eso que hasta hoy, los crisantemos tienen tantos pétalos.

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Erika GC

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