Fábulas de Esopo

Los monos bailarines

Había una vez un príncipe que se sentía muy aburrido en su palacio, a pesar de que su padre, el rey, se esforzaba por concederle todos sus caprichos. Cualquier juguete que su hijo quería, lo tenía al instante, y si deseaba adoptar mascotas como perros, gatos o conejos, se los daban por montones. Pero estaba tan malcriado que pronto se olvidaba de todos ellos y ya estaba exigiendo algo más.

Cierto día, se le metió en la cabeza que sería divertido contar con sus propios monos acróbatas, que pudieran bailar y entretener cuando él lo ordenara.

El rey como de costumbre, no dudo en satisfacer sus deseos mandado que trajeran a unos cuantos monitos de la selva y los entrenaran para él. Aunque los animales eran muy revoltosos, pronto aprendieron a usar ropa para los niños y a bailar entre ellos. El príncipe se quedo tan impresionado que comenzó a ir de un lado a otro con sus nuevas mascotas, presumiendo de ellas a todo aquel que se cruzaba en su camino.

—No hay en el mundo animal más inteligente que mis monos —se jactaba—, a un chasquido de mis dedos, ellos pueden bailar y hacer malabares, vistiendo las más elegantes y coloridas ropas. Verdaderamente, son una maravilla de ver.

Un día, el príncipe decidió celebrar una gran fiesta para exponer a los monos. Se enviaron invitaciones a todas las personas de la corte para que asistieran y se mandó vestir a los animales de la forma más ostentosa posible, pues iban a actuar frente a una gran multitud. Los invitados rieron, bebieron y comieron los aperitivos ofrecidos por la servidumbre y cuando llegó el momento más importante de la noche, se reunieron alrededor de la pista de baile para ver danzar a los monos.

Tan pronto como el show dio inicio, todos se quedaron maravillados por lo bien que lo hacían, dando piruetas y haciendo los pasos más complicados solo para ellos.

Y el príncipe se sonrió, presuntuoso como él solo.

La gente de la corte comenzó a aplaudir y a celebrar las gracias de los primates bailarines, cada vez con más ánimo.

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—¡Si es que hasta parece que son humanos de verdad! —exclamaban.

En ese instante, a un cortesano que quería hacer una pequeña broma, se le ocurrió lanzarles unas nueces para ver como reaccionaban. Tan pronto como los monos las vieron, se olvidaron de todo lo aprendido y se abalanzaron sobre ellas, desprendiéndose de las ropas y volviendo a saltar en el modo primitivo que solo ellos saben. Su dueño sintió gran vergüenza.

—Era de esperarse —dijeron los invitados con desdén—, pues por más que se les enseñe a estas criaturas, sus instintos no pueden dejarlos atrás.

Y así fue como la fiesta del príncipe quedó arruinada.

Moraleja: Puedes intentar cambiar la naturaleza de otras personas, haciendo que vistan o se comporten diferente. Pero en el fondo siempre serán las mismas. Aprende a aceptar y a tolerar a los demás como son, en vez de querer que cambien para ti.

Los monos bailarines 1

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Acerca del autor

Erika GC

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