Las tres hojas de la serpiente (2da parte)

Publicado por: Erika GC

En nuestro anterior capítulo de este cuento, vimos que el príncipe y la princesa habían sido rescatados de su sepulcro. Tristemente, ella ya no estaba enamorada de su marido y él no se había dado cuenta. Muy contento por tener a su mujer de vuelta y porque las cosas hubiesen vuelto a la normalidad, se embarcó con ella para ir a visitar a su padre, quien ahora tenía una hermosa residencia en una isla lejana.

Durante el camino de regreso sin embargo, una terrible fiebre se apoderó de él, dejándolo en cama la mayor parte del tiempo.

La princesa, en vez de cuidarlo, empezó a frecuentar al capitán del barco, un hombre muy apuesto de quien inmediatamente se enamoró. Él correspondió sus sentimientos y a escondidas de la tripulación y del príncipe, tenían románticos encuentros.

Pronto, la princesa deliberó que había que eliminar a su marido.

—Si él muere, mi padre me permitirá casarme contigo —le dijo el capitán— y podremos estar juntos.

En medio de la noche, ambos entraron al camarote del joven. La muchacha lo tomó de los pies y el capitán por la cabeza. Salieron a cubierta y lo lanzaron al mar por la borda.

Lo que no sabían es que había un criado al cual el príncipe le había dado a guardar las tres hojas de la serpiente en secreto.

—No sabemos si las podemos necesitar más adelante —le había advertido el joven—, así que tenlas tú y no le digas a nadie que te las he dado. Si me obedeces, voy a recompensarte muy bien.

Él, que lo había visto todo, a hurtadillas se metió en un bote y descendió del buque para buscar el cuerpo del muchacho, logrando rescatarlo de las aguas. Estaba ya muerto, pero el sirviente colocó las hojas milagrosas en su boca y sus ojos, e inmediatamente volvió a la vida.

Mientras tanto, la princesa y el capitán volvieron a su reino y fingiendo un llanto agudo, ella le contó al rey diciendo que su esposo había sucumbido a una enfermedad durante el viaje. Su amante no dudó en confirmar su mentira. No obstante, en ese momento apareció el príncipe acompañado por su fiel sirviente y exhibió el cruel engaño de la muchacha.

Cuando su padre se dio cuenta de la enorme maldad que había en ella, lleno de dolor se dispuso a castigarla.

—No supiste respetar tu matrimonio ni la vida de tu marido —le dijo—, es por eso que mereces morir igual que pudo hacerlo él. Tú y el capitán serán dejados en altamar hasta desaparecer en las profundidades.

Tras dictar su sentencia, la princesa y su amante fueron atados al mástil de un bote, cuyo suelo se perforó para que se hundiera lentamente en el océano. Y aunque ella lloró y suplicó a su esposo y al rey para que le perdonaran la vida, ninguno de ellos se conmovió con sus ruegos.

El barco terminó de hundirse y los amantes murieron ahogados. Y fue así como tanta perfidia tuvo su castigo.

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Publicado por: Erika GC

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