Cuentos Clásicos para Niños

Las tres hojas de la serpiente (1ra parte)

Había una vez un hombre muy pobre, cuyo hijo, para evitar ser una carga para él, se enlisto en el ejército y se fue a pelear por su patria. Y en la batalla se mostró tan valeroso y dispuesto a morir por su patria, que cuando los soldados ganaron y se presentó ante el rey, este lo premió dándole grandes tesoros y los más honorables títulos.

Tenía Su Majestad una hija muy bella pero sumamente caprichosa, que se negaba a contraer matrimonio con ningún hombre.

—¡El hombre que quiera casarse conmigo, tendrá que prometer encerrarse en mi sepulcro conmigo el día que yo muera! —exclamó.

Esta condición espantó a todos sus pretendientes, pero cuando el soldado del rey la vio tan hermosa, su corazón se inflamó de tal manera que no le importó cumplir este designio. La pidió a su padre en matrimonio y tras jurar que se haría enterrar con ella si llegaba a morir antes que él, el monarca los casó muy satisfecho.

Por un tiempo ambos fueron felices, pero un día la princesa enfermó gravemente y sin nadie que pudiera hallar una cura a su mal, falleció.

Colocaron su cuerpo en una cripta de piedra y encerraron a su esposo con ella, más siete panes y siete copas de vino. Deprimido, todos los días comía un pedacito de pan y daba un sorbo a una copa, aguardando a que la muerte llegara por él.

De pronto, una serpiente se deslizó por una abertura hacia el cuerpo de la princesa y el guerrero sacó su espada.

—¡No la tocarás! —rugió y acto seguido, cortó en tres pedazos al animal.

Otra serpiente salió entonces del mismo agujero y al ver a su compañera descuartizada, regresó. Pero no tardó en volver a asomar llevando tres hojas en su boca.

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Las colocó entre las heridas de la culebra muerta y ante los ojos incrédulos del príncipe, estas volvieron a cerrarse, uniendo los trozos de la criatura y devolviéndole la vida. El resucitado animal desapareció detrás de la segunda serpiente dejando las hojas tras de sí.

El joven las recogió y las colocó sobre el rostro de su amada: una en su boca y las dos restantes en sus ojos.

Al instante las mejillas de la princesa recuperaron el color y la sangre volvió a correr en sus venas. Abrió los ojos, más lozana y saludable que nunca y abrazó a su marido, contenta por volver a la vida.

Entonces ambos corrieron a las puertas del sepulcro y las golpearon con los puños, gritando con todas sus fuerzas para que les dejaran salir. Los guardias notaron esto y corrieron a avisar al rey, quien abrió la sepultura y los recibió con lágrimas en los ojos.

Las cosas parecieron volver a la normalidad sin embargo, algo había cambiado en la princesa.

Ya no veía con el mismo amor a su marido y parecía molestarle su presencia. Sin darse cuenta de esto, él decidió que viajarían en barco para visitar a su padre.

CONTINUARÁ…

Las tres hojas de la serpiente (1ra parte) 1

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Acerca del autor

Erika GC

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