Leyendas Infantiles Cortas

Las manchas del jaguar

¿Alguna vez te has preguntado por que el jaguar tiene la piel toda llena de manchas? Esto fue porque hace mucho tiempo, el primero de ellos fue castigado a causa de su vanidad e ira. En ese entonces el felino tenía una piel lisa, suave y amarilla como los rayos del sol, de la cual se sentía sumamente orgulloso. Lo que más le gustaba, era ver como los otros animales se fijaban en él con envidia. Siempre se burlaba de las criaturas más pequeñas que él o con alguna imperfección en sus cuerpos, creyéndose amo de la selva.

Lo que más le molestaba era la suciedad. Cada vez que una mancha o una pelusa tocaba su hermoso abrigo amarillo, el jaguar se restregaba fuertemente con la lengua hasta eliminarlo, pues no quería ni la más mínima impureza en su pelaje inmaculado.

Así de presumido como era, también era cruel y desconsiderado con todos a su alrededor.

Un día, el felino se encontraba paseando en medio de los árboles, cuando un monito travieso quiso jugarle una broma y le arrojó un mamey. De inmediato, la fruta se abrió dejándole una mancha oscura en el cuerpo.

—¡Ah, imprudente mono! ¡Voy a enseñarte a respetarme como me merezco! —exclamó el jaguar enojado, lanzándole un zarpazo que lo hizo chillar de dolor.

Al pobre primate la piel le quedó colgando en forma de jirones y cuando el jaguar vio esto, en vez de sentir remordimiento, se sintió muy atraído por el olor de la sangre y se abalanzó sobre él. Bastaron un par de segundos para que devorara al animalito de un bocado.

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Luego de mirar esto, los otros monos se pusieron a saltar enojados y acudieron con el Señor del Monte, quien era responsable de dar vida a toda criatura viviente del lugar. Él había creado a cada animal que habitaba en la Tierra y se sintió sumamente triste al enterarse de lo que había hecho el jaguar.

—Suban a los árboles y esperen a que él pasé por ahí —le indicó a los monos—, cuando lo vean andar, arrójenle sin piedad todos los aguacates que encuentren. Las manchas de la fruta se volverán tan oscuras como su corazón y su piel quedará manchada para siempre. Tal vez entonces aprenda un poco de humildad, que buena falta le está haciendo.

Los monitos hicieron lo que el Señor del Monte les dijo y cuando el jaguar paso delante de ellos, le aventaron todos los aguacates que tenían, sin consideración, ocasionando que unas manchas imborrables aparecieran en su piel. Iracundo, el felino quiso atraparlos pero en ese instante, a los monos les brotaron unas largas colas, gracias a las cuales pudieron balancearse en las copas de los árboles para escapar.

Así fue como el jaguar obtuvo sus manchas y es por eso que hasta el día de hoy, los monos son su alimento preferido: siempre está a la caza de algún primate indefenso, para vengarse por el castigo que hace tanto tiempo le fue impuesto.

Las manchas del jaguar 1

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