La zorra y la serpiente

Publicado por: Erika GC

El siguiente cuento infantil está basado en una fábula de Esopo y nos muestra la importancia de aceptarnos a nosotros mismos.

En lo más profundo del bosque, habitaban muchos animales que vivían en madrigueras. La zorra tenía la suya bajo las raíces de un frondoso roble. Ahí había crecido, se había criado y había tenido a sus cachorritos, hasta que estos fueron lo bastante mayores como para dejar el hogar e ir a hacer sus propias madrigueras.

Un día, una serpiente llegó a habitar en las ramas más altas del árbol. Tenía un cuerpo largo, lustroso y lleno de escamas. Se podía deslizar con mucha facilidad y llegar hasta los sitios más altos, con tan solo estirar su figura. La zorra, al verla, sintió que la envidia la carcomía por dentro, pues nunca antes se había topado con un animal tan peculiar.

“¡Qué larga es, miren como anda!, pensó, “ojalá yo también pudiera deslizarme de esa manera tan elegante y tener un cuerpo tan largo y esbelto”.

—Buenos días, vecina —la saludó la serpiente—, ¿se lo pasa bien aquí abajo?

—Sí, sí —dijo la zorra ocultando sus celos—, mi madriguera es muy confortable. Aunque no tenga la maravillosa vista de la que usted debe disfrutar arriba.

—Ah, no se crea —dijo la serpiente—, entre las ramas hay muy poco espacio para estar, de tal manera que siempre me la tengo que pasar enredada. En cambio se nota que su casa es muy amplia y calientita.

—Sí —dijo la zorra—, creo que lo es. Aunque usted tampoco debe tener mucho de lo que quejarse, pues todos los días tiene a su alcance presas deliciosas que van a las ramas del árbol como abejas a la miel.

—¿Los pajarillos? Los como todos los días —dijo la serpiente—, yo, al no tener patas ni poder correr como usted, no soy tan hábil al cazar y debo conformarme con ellos. Pero aun así, me gusta ser como soy y soy feliz con las cosas positivas que tengo.

A la zorra aquellas palabras le sonaron a pura falsedad.

A partir de entonces, todos los días miraban con mucha envidia como la serpiente se enredaba en lo alto del roble, intentando imitar la elasticidad de su cuerpo. Pero por más que podía no lograba verse o actuar como ella.

“Ya sé”, se dijo a sí misma un día, en el que espiaba a su vecina como de costumbre, “voy a tratar a estirarme para alargar mi cuerpo. Seguro que así es como ella hace para ser tan larga y tan delgada”.

Y dicho esto, la zorra se puso de pie sobre sus cuatro patas e intentó estirarlas tanto como era posible, sin ver ningún cambio en ella. Así continuó y continuó estirándose, hasta que de tanto esfuerzo reventó.

Moraleja: Nunca intentes imitar a los grandes cuando no estás en condiciones de hacerlo y mucho menos te compares con alguien más. Tú eres único y especial a tu manera, y siendo como eres puedes conquistar al mundo entero.

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Publicado por: Erika GC

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