Historias de la Biblia para Niños

La Torre de Babel

¿Te acuerdas del gran diluvio y el arca que Noé construyó para salvar a los animales? Luego de que Dios enviara las lluvias para borrar toda maldad de la Tierra, prometió que nunca más haría algo igual para acabar con los hombres. Porque ahora ellos eran buenos y los amaba a todos.

Por muchos años, los hijos de Noé convivieron en paz y engendraron a nuevos generaciones, que llegaron a crecer hasta convertirse en un poblado muy numeroso. Entre estas personas destacaba uno de los bisnietos de Noé, que se llamaba Nemrod.

Lamentablemente, él no era bondadoso como su bisabuelo. El mal había aflorado en él convirtiéndolo en un sujeto arrogante y muy problemático. Mataba más animales de los que necesitaba comer por pura diversión, y también a los hombres que no estaban de acuerdo con él. Todos lo temían y por su carácter violento, no había nadie que se atreviera a contradecirlo.

A Dios no le agradaba Nemrod, pues de nuevo estaba corrompiendo al resto de los humanos.

Un día, Nemrod fue coronado rey de Babel, la ciudad que habían construido entre todos y quiso llevar a cabo un ambicioso proyecto.

—Vamos a construir una torre grandísima —dijo él—, tan grande que va a tocar el cielo y entonces estaremos cara a cara con Dios. ¡Nos convertiremos en seres semejantes a él! ¡Seremos dioses y no habrá poder más grande que el nuestro!

Dios vio esto con malos ojos, pues Nemrod y los suyos no construían la torre con buenos propósitos, sino para vanagloriarse a sí mismos.

Comenzaron pues apilar ladrillos incansablemente, yendo y viniendo, acarreando materiales de todo tipo y elevando cada vez más aquel edificio monstruoso, mientras Nemrod se regocijaba en su soberbia. Y llegó el momento en el que Dios quiso ponerle fin a tal sinsentido.

En ese entonces, todos los hombres que habitaban Babel hablaban el mismo idioma. Pero Dios provocó que la gente comenzará a hablar en distintas lenguas y la confusión se apoderó de la ciudad.

Como las personas ya no se entendían entre sí, poco a poco dejaron de construir la torre y Nemrod no podía creer lo que estaba sucediendo. Intentó ordenar que sus súbditos volviesen a trabajar, pero ya ni siquiera su propio ejército lo comprendía. El trabajo quedó sin concluir y Babel se transformó en Babilonia, que quiere decir “enredo”.

La gente que hablaba el mismo idioma se empezó a reunir en grupos y así, poco a poco fueron emigrando de Babilonia para vivir en otras partes del mundo, donde pudieran comprenderse entre sí.

Es por eso que hasta el día de hoy, nuestro planeta se encuentra separado por las lenguas. Afortunadamente ahora nos comprendemos mejor que antes, pues podemos aprender el idioma de los demás o traducirlo con la tecnología que tenemos a la mano.

Pero no por eso hay que olvidarnos de la enseñanza de esta historia: no está bien dejarnos arrastrar por la vanidad. Antes de hacer las cosas por la fama, es mejor hacerlas por amor.

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Erika GC

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