Historias de la Biblia para Niños

La rebelión de Coré

Hace mucho tiempo, cuando Moisés y el pueblo de Israel se encontraban atravesando el desierto para llegar a la Tierra Prometida, ocurrió algo que por poco y echa a perder su viaje. Dios le había encargado a Moisés que cuidara muy bien de su pueblo y le había dado 10 mandamientos escritos en tablas de piedra, para que todos aprendieran a comportarse. Además, había elegido a Aarón, su hermano, como sumo sacerdote.

Pero entre los israelitas había un hombre muy envidioso llamado Coré, el cual se había cansado de seguir a Moisés en medio de la arena y bajo el calor del sol.

—¿Por qué tenemos que seguirte a ti, que en todo este tiempo no has sido capaz de encontrar la Tierra Prometida? —le preguntó, muy enojado— ¿Y por qué tiene que ser tu hermano el sumo sacerdote?

Al escuchar a Coré, otros 250 hombres se unieron a sus quejas, pues habían perdido la fe en Dios y estaban muy cansados de vagar por el desierto.

—¡Ya nos hartamos de caminar sin sentido! Si Dios es tan bueno como dices, seguro que está con todos nosotros y no solo con ustedes. Por lo tanto, cualquiera de nosotros podría ser líder o sumo sacerdote —dijo Coré.

—Está bien —respondió Moisés—, les propongo una cosa. Vamos a hacer una prueba, para ver a quien elije Dios realmente. Cojan su incienso.

Los hombres se dirigieron a un paraje en medio del desierto y allí, encendieron pequeñas fogatas para empezar a quemar incienso, como si todos ellos fueran sumos sacerdotes. De pronto, un rayo de luz salió del cielo, iluminando a Moisés y a su hermano Aarón. Y luego, desde las alturas, una voz les habló:

—Moisés, Aarón, aléjense de Coré y de los otros hombres.

Los dos obedecieron, mientras Coré y los demás permanecían de pie, mirándolos con furia. Entonces un enorme agujero se abrió en el suelo y los malvados cayeron en él, desapareciendo para siempre de la faz de la Tierra.

—Moisés, busca a los jefes de todas las tribus que están viajando contigo —le dijo Dios—, pídeles que traigan sus bastones. Tómalos y escribe en ellos sus nombres. Luego colócalos sobre el incienso. Yo voy a hacer crecer flores sobre uno de ellos y a quien pertenezca ese bastón, será mi elegido para ser el sumo sacerdote.

Moisés obedeció al instante y mandó llamar a todos los líderes de las tribus. Cogió sus bastones y escribió sus nombres sobre ellos. Aarón también dejó su bastón. Después, los colocaron sobre la hoguera con incienso, tal y como les había mandado Dios y se retiraron a dormir.

A la mañana siguiente, Moisés tomó las bastones y los fue mostrando uno por uno. Tomó el de Aarón y vio que le habían crecido flores.

—Ya no cabe duda, Dios quiere que mi hermano sea el sumo sacerdote.

Desde ese momento, nadie más volvió a cuestionar las decisiones de Moisés, pues sabían que era el elegido del Señor y que siempre debían mantener la fe en él.

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Erika GC