Cuentos Infantiles con Moraleja

La puerta negra

Había una vez un poderoso reino gobernado por un rey muy sabio, que entró en guerra con el territorio vecino. El soberano envío a su ejército a combatir con honor y cada vez que sus soldados regresaban, llevaban con ellos a los hombres del reino vecino, capturados como prisioneros de guerra. Entonces, en lugar de enviarlos a los calabozos, el rey hacía algo muy extraño: los mandaba a formar en filas dentro del salón del trono.

En un lado de la habitación, colocaba a sus mejores arqueros, listos para disparar con sus flechas en mano. Entonces él se sentaba en su lugar y les decía lo siguiente:

—Voy a darles una oportunidad para salvar la vida. Del lado derecho, como ya lo ven, se encuentran mis más expertos arqueros, armados hasta los dientes. Ahora miren hacia el otro lado.

Y cuando los prisioneros volteaban hacia la izquierda, veían una enorme puerta negra y muy lúgubre, con pesados goznes de hierro e inscripciones con calaveras a su alrededor. Encima de la puerta, se podía leer un letrero que decía, “¡Viva la muerte!” y el picaporte, era la mano de un cadáver. Tan solo mirarla producía escalofríos.

—Ahora tienen dos opciones —dijo el rey—, pueden morir atravesados por las flechas o atreverse a cruzar la puerta negra. La decisión es solo de ustedes.

Los prisioneros, aterrorizados al mirar la puerta, se imaginaron que lo que había detrás de ella solo podía ser peor que su tétrico aspecto. Así que no lo pensaban dos veces y afirmaban que preferían morir a manos de los arqueros, que cruzar por esa entrada.

Entonces las flechas eran disparadas y ellos morían lentamente, ante la fría mirada del rey.

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Pasaron los años y la puerta negra del palacio se convirtió en leyenda. Nadie sabía lo que había del otro lado, pero los rumores decían que bien podía tratarse del mismísimo infierno.

El tiempo siguió transcurriendo hasta que se terminó la guerra. Los reinos habían firmado por la paz y la gente comenzaba a olvidarse de las penas pasadas. Pero un buen día, un sirviente atosigado por la curiosidad volvió a mirar hacia esa puerta tenebrosa y se atrevió a preguntarle al rey que había del otro lado.

—Ábrela y averígualo tú mismo —le dijo el soberano.

Casi arrepintiéndose de su pregunta y con mucho miedo, el sirviente abrió la puerta con lentitud… y se sorprendió al ver que detrás de ella, no había sino un campo hermosísimo. Entonces se dio cuenta de que aquellos prisioneros habían desperdiciado su oportunidad de ser libres.

—La libertad —le dijo el rey—, es igual que esa puerta. A veces tenemos demasiado temor de enfrentarnos con nuestros propios miedos. Le tememos a lo desconocido y nos sentimos inseguros ante los obstáculos que nos paralizan. Pero solo venciendo estas cosas es que lograremos ser libres.

Ahora ponte a pensar, ¿cuál es tu propia puerta negra y que ocurriría si la atravesaras? Seguramente podrías ser feliz, al saber que ya no hay nada que se interponga en tu camino.

La puerta negra 1

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Acerca del autor

Erika GC

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