Cuentos de Terror para Niños

La pesadilla de Juanito

Esa noche, Juanito se fue a acostar como de costumbre apenas llegó la hora de dormir. Su madre entró a su habitación para darle las buenas noches, le dio un beso en la frente y lo arropó, deséandole que tuviera sueños bonitos. Él cerró los ojos y comenzó a soñar, trasladándose hasta ese lugar en el que todo era posible. Incluso las más temibles pesadillas.

En su sueño, se vio rodeado por árboles gigantescos, en un bosque desconocido. Miles de ojos brillantes lo acechaban desde la oscuridad, gruñendo o dejando escuchar pasos descomunales, que a Juanito lo pusieron a temblar.

El niño se despertó llorando.

—Buuuu, buuuuu…

Su papá entró en el dormitorio, muy preocupado.

—Juanito, ¿qué tienes? —le preguntó.

—Tuve a una pesadilla, vi a un montón de monstruos que querían comerme —dijo él.

—No te preocupes Juanito, que ya ellos se han ido y ahora volverás a tener dulces sueños —y el padre le dio un beso y luego se marchó, dejándolo dormir a gusto.

Otra vez volvió Juanito a perderse en el mundo de los sueños y se vio en medio de una casa encantada. La mansión era muy lúgubre y tenía habitaciones que crujían por todas partes. Un fantasmas salió de un armario y lo asustó, seguido de otro que estaba escondido debajo de una mesa. Luego otro salió del baño y otro más lo estaba esperando en el jardín, y así hasta que el sueño de Juanito estuvo lleno de fantasmas y de nuevo se despertó.

—Buuuu, buuuuu…

Entró su hermanita a su cuarto, dirigiéndose de puntillas hasta su cama.

—¿Qué te pasa, hermanito? —le preguntó.

—Es que tengo sueños muy feos y están llenos de fantasmas —dijo él—, todos trataban de asustarme.

—Bueno, no llores más, que solo fue un sueño y ahora tendrás otro mucho más bonito —y diciendo esto, su hermanita también le dio un beso y se regresó a su dormitorio.

Juanito volvió a dormirse, esperando no ver más espantos que lo despertaran. Pero no fue así, porque apenas hubo cerrado los ojos, más apariciones malvadas se presentaron en su cabeza, haciendo que temblara sin control. Veía brujas con narices ganchudas, payasos que montaban en pequeñas bicicletas, a los fantasmas de la mansión embrujada y los monstruos del bosque. Todos parecían haberse reunido en un solo lugar con un único objetivo: lograr que Juanito no tuviera los dulces sueños que le habían prometido.

—Buuuu, buuuu…

Esta vez fue su madre quien entró en su habitación.

—¿Qué sucede, hijito?

—¡Tengo miedo, mami! En mis sueños hay cosas muy malas que no me dejan dormir.

—¿Cómo que no te dejan dormir? ¡Oh, ya sé que es lo que pasa! Es que se me olvidó poner tu almohada del lado de los sueños hermosos —la mamá tomó la almohada, le dio la vuelta y la esponjó—, ahora sí Juanito, podrás soñar sin tener pesadillas.

Su mamá le dio otro beso y cuando Juanito volvió a dormirse, no hubo cosas que lo asustaran, sino sueños dulces y bellos.

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Erika GC

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