Leyendas Infantiles Cortas

La perla y el dragón

Dice un cuento infantil proveniente de la Antigua China que hace mucho tiempo, existía una isla llamada Kinabalu, que se alzaba en medio del mar a cientos de kilómetros de la costa. Allí, habitaba un dragón enorme y muy codicioso, que un día había encontrado una perla preciosa encallada en la arena. Si por algo son conocidos los dragones, es por su afán de acumular tesoros en sus guaridas, aunque nunca vayan a hacer uso de ellos.

Pues bien, esta bestia se llevó la perla a lo alto de la montaña en la cual habitaba, y allí jugaba día y noche con ella. A veces la tomaba entre sus garras y la hacía rodar como un orbe brillante frente a sus ojos. Otras, se la colocaba en la punta de la cola y la hacía rodar por toda su espalda. Cuanto le encantaba aquella perlita.

Cada noche la encerraba entre sus zarpas y se ponía a dormir tan tranquilo.

Ocurrió que en el reino de China, el emperador supo de la existencia de la perla y quiso tenerla para hacerse una corona. Así que hizo llamar a su hijo y le encargó que acudiera a la isla a traerle aquel tesoro.

—Si logras arrebatarle la perla al dragón —le dijo al príncipe—, te prometo que cuando regreses te convertirás en el nuevo emperador. Yo me retiraré a vivir en mi palacio de las montañas, pero el día que muera, la hermosa corona que planeó hacerme pasará a ser tuya también.

Envalentonado por esta promesa, el muchacho, que era muy brillante en su forma de pensar, ordenó que le prepararan una embarcación y se hizo a la mar con sus hombres. En el camino se puso a pensar en la mejor manera de quitarle la perla al dragón y finalmente, se le ocurrió una idea: hizo que sus tripulantes construyeran un enorme cometa, con el que pudiera elevarse por los aires para llegar hasta la montaña en el aire.

Cuando estuvo lista y el barco se hubo acercado a Kinabalu, el príncipe se montó en la cometa y se dejó llevar por el viento.

En el monte, el dragón dormía profundamente sosteniendo su perla. Con mucho sigilo, el joven la sacó de aquella prisión que formaban sus garras y puso un farol de papel en lugar. Después, volvió a subirse al cometa y descendió a toda velocidad hasta el navío en donde sus hombres lo esperaban.

Cuando el dragón se despertó y vio que su tesoro había desaparecido, se sintió furioso. Rápidamente voló tras el barco que se alejaba, no tardando en alcanzarlo y sin dejar de escupir llamaradas de fuego.

Los marinero se sintieron aterrados pero el príncipe, manteniendo la calma, hizo que dispararan una bala de cañón al aire. El dragón, creyendo que se trataba de su perla, se lanzó tras ella y se sumergió en el fondo del mar, donde se ahogó irremediablemente.

El hijo del emperador volvió a China como un verdadero héroe. Allí, reinó con justicia por muchos años.

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Erika GC

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