Cuentos Clásicos para Niños

La novia de la liebre

En una cabaña muy humilde, habitaba una joven muy hermosa con su madre, quien era viuda y granjera. Un día, al asomarse a su parcela, la mujer vio como una enorme liebre comía de sus lechugas y mandó a su hija con la escoba para ahuyentarla.

—Shh, shh, ¡márchate, liebre y no vuelvas por aquí! —decía la pastorcita, agitando la escoba entre sus manos para asustar al animal.

Y la liebre se marchó a toda prisa, dando grandes saltos. Sin embargo, al día siguiente regresó para degustar las coles y como la viuda volviera a asomarse a la ventana, tuvo que salir su hija a ahuyentarle de nuevo.

—Shh, shh, ¡márchate, liebre y no vuelvas por aquí! —repitió la muchacha, volviendo a agitar su escoba.

Esta vez la liebre no huyó, sino que se quedó mirándola fijamente y en ese momento, la joven la escuchó hablarle con una voz muy profunda.

—Ven pastorcita y siéntate en mi cola, que te voy a mostrar algo maravilloso.

La chica dudó un momento en hacer lo que le decía. Miró por encima de su hombro y vio que su madre no estaba asomada a la ventana. Así que, sin más, se sentó sobre la cola de la liebre y esta se la llevó saltando, muy lejos, a través del bosque. Llegaron entonces a una encantadora cabaña, donde la liebre dejó que su invitada se bajara y le abrió la puerta.

—Ahora ponte a preparar toda la comida que está en la mesa —le indicó, mostrándole la cocina—, pues los invitados a mi boda van a llegar dentro de poco, y no quiero que ninguno de ellos se queje de que soy mal anfitrión. Yo voy a preparar mi traje y cuando regrese, quiero que estés lista para el casamiento.

Diciendo esto, la liebre se marchó dejándola encerrada y a la pastorcita se la empezó a comer la angustia. No quería casarse con ese animal ladrón.

Asustada, se puso a pensar en como podía escaparse de la boda.

Mientras tanto, todos los animales del bosque iban llegando a las afueras de la cabaña, listos para disfrutar de un banquete. La liebre se había acicalado lo mejor que había podido, llevaba un elegante traje y una flor en el ojal. Al ver que sus invitados estaban listos, tocó a la puerta de su casa para ver si su novia estaba lista.

—¡Abre la puerta! —le ordenó— ¡Que los asistentes a la boda tienen hambre!

Pero la muchacha no respondió.

—¡Abre la puerta! —repitió la liebre enojada, tocando más fuerte— ¡Que ha llegado la hora del banquete!

Al ver que nadie dentro pronunciaba una palabra, el animal terminó por derrumbar la puerta y vio la silueta de la pastorcita en un rincón. Al acercarse a ella, se dio cuenta de que lo habían engañado: aquello no era más que un montón de paja, que llevaba encima la pañoleta y el delantal de su prometida.

Esta mientras tanto, se había escapado de la cabaña por una ventana y ya iba de vuelta a casa.

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Erika GC

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