Fábulas Infantiles

La mariposa y los conejos

En un claro del bosque vivía un conejo muy hermoso, con la cola esponjada y la piel resplandeciente. Era tan bonito que todos los animales se detenían para verlo y dedicarle halagos, y él, sintiéndose más importante de lo que era, alzaba la nariz y se sentía mejor que los demás. Lo que no sabía era que muy pronto, iba a recibir una lección.

Aquel día una pequeña mariposa volaba por encima del río. De pronto, por accidente, cayó al agua y empezó a ahogarse ante la mirada asustada del resto de los vecinos.

El topo, como buen amigo suyo, fue a pedirle ayuda al conejo.

—Conejo, usted sabe nadar muy bien —le dijo con apuro—, por favor, ¡salve a la mariposa! La pobrecita se está ahogando y no hay nadie que se atreva a ir por ella.

Pero el conejo miró en dirección al río e ignorando a la mariposita, arrugó la nariz con crueldad y dijo:

—¡Yo no voy a meterme ahí ni por todas las zanahorias del mundo! ¿Ya viste lo sucia que está el agua? Un agua tan negra como esa no puede ser buena para mi piel.

El topo intentó convencerlo de cambiar de opinión, le rogó y le suplicó mirando con angustia a la mariposa, que apenas y podía mantenerse a flote. Pero por más que hizo, el conejo no quiso hacer nada.

En ese momento, un segundo conejo apareció en el claro. Era un animal muy feo, con el pelaje enredado y que estaba en los huesos. Apenas y le dio tiempo de decirle buenos días al topo, porque fue y saltó al agua para rescatar a la mariposa. Todos los animales lo miraban asombrados. Nadie nunca había sido amable con él debido a su desagradable apariencia. Sin embargo ahí estaba, dispuesto a dar su vida por salvar la de esa pequeña criatura.

Cuando el conejo salió del río, llevando a la mariposa en la cabeza, los animalitos aplaudieron y lo ovacionaron como a un héroe, mientras que la mariposa se abrazó a él, agradecida.

—¡Qué malos hemos sigo contigo! —le dijo el topo— Ahora sabemos bien que la belleza exterior no es tan importante. Lo que de verdad importa, es tener un buen corazón.

Y he aquí que como el agua había lavado toda la suciedad del conejito, ahora él ya no se veía tan mal. Los animales lo ayudaron a secarse y cuando terminaron, su piel lucía tan suave y almidonada como la del conejo guapo, y su cola parecía una bolita de algodón. Ahora él era el animal más bello del claro, y no solo por fuera, sino también por dentro.

Desde ese día nadie volvió a admirar al primer conejo, pues aunque seguía siendo lindo por fuera, por dentro seguía siendo malo y presumido.

Moraleja: Hay cosas más importantes que la vanidad, como la amistad y el poder de ayudar a los demás. Nadie te amará de verdad por como luces, sino por las cosas buenas que hagas por los que te rodean.

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Erika GC

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