Fábulas de Esopo

La gaviota, el espino y el murciélago

Hubo una vez una gaviota, un espino y un murciélago que eran muy buenos amigos. Tanto así que todas las tardes se reunían los tres para platicar y se la pasaban muy bien. Un día, tuvieron la ocurrencia de poner un negocio juntos, pues si algo tenían en común era que les encantaba el comercio. Algunos animales se sentían fastidiados por la simple idea de vender algo, pero no ellos: decidieron que les iba a ir muy bien con su negocio y que iban a ayudar a muchos.

—Tengo una gran idea para que nuestro proyecto despegue —dijo la gaviota a sus amigos—, tu espino, vas a ir a buscar las telas más bonitas y las vas a traer. Tu murciélago, ve por el dinero que has estado ahorrando y mientras tanto, yo me ocuparé de traer cobre. Con todo esto, podremos convertirnos en los mejores comerciantes.

Una vez que cada uno hubo traído lo que le tocó, compraron un gran barco y subieron a él con todas las cosas que tenían pensado vender.

Desgraciadamente, hubo una gran tormenta que hundió el navío y de aquel fatal accidente, solo pudieron salir a flote los tres comerciantes, apenas consiguiendo salvar sus vidas. Desde ese entonces, todo pareció cambiar en su vida para mal.

La gaviota se la pasaba volando por la playa desesperadamente, para ver si de casualidad el mar arrastraba hasta la costa todo el cobre que le había arrebatado. El espino por otra parte, comenzó a espiar a los otros animales para ver la ropa que se ponían, pensando que alguno de ellos podía haber recuperado sus telas del océano para fabricarse un nuevo vestido.

El que peor suerte tuvo fue el murciélago, pues a partir de entonces comenzó a salir solo de noche, huyendo de los acreedores que le habían prestado dinero para adquirir el barco.

Por mucho tiempo, estos tres amigos estuvieron distantes, culpándose los unos a los otros de su desgracia. Hasta que un día, la gaviota decidió volver a hacer algo al respecto y les llamó para que se reunieran. Quería volver a intentarlo. Solo convirtiéndose en los mejores comerciantes podrían recuperar todo lo que alguna vez habían tenido, pagar sus deudas y sentirse orgullosos.

—Ya lo hicimos una vez y fracasamos —se quejó el espino.

—Yo no tengo más dinero para comprar otro barco —dijo el murciélago.

No obstante, la gaviota insistió y después de discutir, los tres se esforzaron para volver a empezar. En esta ocasión, las cosas fueron diferentes: vendieron tanto cobre y tela que finalmente salieron de sus deudas. Todos se pusieron muy felices por su éxito y ellos volvieron a ser los tres buenos amigos que desde siempre habían sido. Jamás volvieron a quejarse o dejarse vencer.

Moraleja: No importa lo que pase o lo que nos digan los demás, tarde o temprano siempre volvemos a nuestros intereses. Así que si encuentras algo que amas con todo tu corazón, no dudes en dedicarte a ello y el éxito y la fortuna te buscarán.

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Erika GC

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