La estrella de Belén

Publicado por: Erika GC

Hace mucho tiempo, tuvo origen la festividad más maravillosa de todas: la Navidad. Ese día del año en que conmemoramos el nacimiento del niño Jesús. Pero hay más en esta historia fantástica de lo que nos han enseñado los mayores. Está por ejemplo, la estrella de Belén, el astro que guió a los Reyes Magos hasta el pesebre de Dios hecho hombre.

¿Quieres saber como llegó esa estrella a estar en el cielo? Pues presta atención, porque este cuento está a punto de comenzar.

Cuando Jesús nació, todos los animales y pastores de los alrededores acudieron a conocerlo y llevarle regalos. Algunos le obsequiaron mantas para que se arropara del frío, otros le llevaron leche de sus cabras y alguien le consiguió una cunita, donde pudiera reposar sobre un colchón de paja.

Entre estas buenas personas estaba una pastorcita muy joven y muy humilde, que no tenía nada que ofrecerle al bebé. Angustiada, pensó en que clase de regalo podía conseguirle que los otros no le hubieran dado ya. En ese instante miró hacia el cielo nocturno y vio una hermosa estrella, que parecía destacar por encima de las otras. Si tan solo pudiera bajarla para el pequeño…

—¡Ya sé! —se dijo a sí misma— Voy a traer un balde de agua para atrapar el reflejo de la estrella allí. Así el niño Jesús podrá conservarlo para siempre.

Lleno pues un cubo con el agua más cristalina que pudo encontrar y lo colocó en el suelo, para que reflejara el cielo con todo su esplendor. La estrella se miró en el agua como un espejo y se admiró de su resplandor, deslumbrando también a la pastorcita. Y solo cuando estuvo bien segura de que el reflejo del astro permanecería en el balde, lo tomó y con pasos presurosos se dirigió hacia el pesebre.

De vez en cuando volvía a mirar dentro del balde, para asegurarse de que la estrella aún continuara allí. Y allí seguía, preciosa y brillante.

La pastorcita entró en el pesebre con mucha emoción y se colocó delante del niño Jesús. Pero cuando fue a ofrecerle la estrella, ¡su reflejo había desaparecido! Lo buscó por todos lados y no pudo encontrarlo. Muy avergonzada, la niña se puso a llorar pero el bebé sonreía. Y al sonreír él, una de las lágrimas de la chiquilla cayó en el cubo de agua, transformándose en una estrella todavía más preciosa y brillante que la que había visto.

Esa estrella se elevó al cielo, transformándose en la estrella de Belén, que hasta nuestros días sigue resplandeciendo en lo alto para brindarle esperanza a la gente.

Es el recordatorio no solo de que Dios se hizo hombre, sino de que también hubo una pastorcita que pese a no contar con nada, le entregó lo más valioso que poseía: su amor incondicional. Como ella, tú también puedes ofrecer a los demás un regalo valioso aunque no tengas dinero.

Una sonrisa sincera, un abrazo cariñoso o una palabra amable en estas fechas, son más importantes.

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Publicado por: Erika GC

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