Cuentos de Hadas

La Bella y la Bestia (3ra parte)

En nuestro último capítulo, pudimos ver que Bella decidió ir al palacio de la Bestia para salvar a su padre, pues la criatura seguía muy enojada con él por haberse llevado su rosa blanca y ella se sentía muy culpable. Sin embargo al llegar, la joven fue recibida con todos los lujos y atenciones posibles, teniendo una hermosa habitación y varios vestidos nuevos.

Esa misma noche, Bella bajó a cenar con uno de los hermosos trajes que había encontrado en su dormitorio. Al llegar al comedor, vio que la mesa estaba puesta con platos y cubiertos de oro, y hermosas copas de cristal. Un fuego muy agradable chisporroteaba en la chimenea y el olor de los exquisitos manjares que llenaban el banquete, al instante le abrió el apetito. En ese momento una enorme silueta apareció en el umbral y Bella se sintió atemorizada.

Ahí estaba la Bestia. Era dos veces más grande que un hombre, tenía unos colmillos afilados y unas zarpas enormes, además de unos cuernos temibles sobre la cabeza.

La Bestia le pidió que no sintiera temor y que se sentara a la mesa, pues ahora era dueña y señora del lugar.

—Todo lo que desees no tienes más que pedirlo —le dijo la Bestia—, ahora esta es tu casa.

Así, los días pasaron y Bella dejó de temerle, pues descubrió que en el fondo era un ser solitario y amable, que no podía salir porque temía aterrorizar a las personas. Pero todos los días se esforzaba por complacerla y conversaban por largas horas de música y libros. Le permitió tocar canciones en el hermoso piano que había en el salón principal y también le mostró la biblioteca, en la cual se quedó maravillada al ver los miles de volúmenes que había.

Todos los días, antes de ir a acostarse, la Bestia le preguntaba si quería casarse con él.

—Lo siento mucho —le decía ella—, has sido muy bueno conmigo y aunque te he tomado cariño, no creo que pueda ser tu esposa. No estoy enamorada de ti.

A pesar de sus negativas, la Bestia no le reprochaba nada y seguía siendo su amigo.

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Bella era muy feliz en el castillo. Pero extrañaba mucho a su padre y cada vez que se acordaba de él, todas las comodidades que tenía a su alrededor parecían no ser nada.

Un día, le pidió permiso a la Bestia para ir a visitar a su familia.

—Te prometo que regresaré al cabo de ocho días —le dijo.

—Espero que cumplas tu palabra pues si no regresas nunca, temo que me voy a morir de tristeza —dijo la Bestia dejándola marcharse, pues aunque le dolía dejarla ir, la quería demasiado como para negarle nada.

Bella se puso muy feliz al pensar en que pronto volvería a ver a su padre. Preparó un baúl con sus cosas y montó en el elegante carruaje que le había dado su anfitrión, para que viajara como toda una princesa. Aunque cuando llegó a casa, sus hermanas no parecían muy contentas.

CONTINUARA…

La Bella y la Bestia (3ra parte) 1

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Acerca del autor

Erika GC

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