Una pobre señora ya avanzada en años tenía que mendigar para poder comer y continuar con vida. La mendiga no tenía a nadie y cada vez que pedía y agradecía y bendecía a las personas, diciendo así:

-«Que Dios os recompense»

Hasta que luego de tanto caminar, llego a una casa cuyo dueño era un joven que se calentaba muy bien cerca de la chimenea. Al salir a atender la puerta vio temblando de frío a la anciana y la invito a pasar para que se calentaran juntos.

La anciana se alegro tanto que no midió las consecuencias y se acerco demasiado al fuego, pronto empezó a quemarse su vestido. El joven angustiado al no encontrar suficiente agua, dicen que empezó a llorar toda el agua que contenía en su cuerpo, logrando que desde sus ojos se formaron muy pronto dos riachuelos de aguas que apagaron el fuego. Así este joven haciendo lo correcto salvo la vida a la pobre mendiga.

Debemos ayudar, proteger y ser siempre amables con los ancianos.

 

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Hermanos Grimm

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