Historias de la Biblia para Niños

El rey Nabucodonosor y los cuatro niños de Babilonia

Hace mucho tiempo, existía un reino enorme de nombre Babilonia y sobre él reinaba un hombre llamado Nabucodonosor, el cual andaba buscando a los hombres más inteligentes de la región para que sirvieran en su palacio. Un día, mandó traer de Israel a cuatro muchacho muy sabios y compasivos. Sus nombres eran Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego.

A pesar de lo jóvenes que eran, Nabucodonosor decidió que todos ellos iban a ser educados al igual que los demás jóvenes babilonios y con el tiempo, descubrirían si eran dignos de servir a un gran rey como él.

Así que fueron recibidos en palacio junto a otros muchachos.

Nabucodonosor ordenó que los alimentaran al igual que a los demás chicos, que estaban comiendo carne de cerdo y bebiendo vino. Ellos sin embargo, creían mucho en la palabra de Dios y sabían que para alabarlo, debían cuidar de sus cuerpos, alimentándose saludablemente. Así que se negaron a ingerir estas cosas.

—No queremos comer lo mismo que los demás —dijo Daniel—, por favor, que nos traigan vegetales y un poco de agua. Eso es más que suficiente para nosotros.

Los guardias del rey, extrañados, trataron de convencerlos de lo rico que estaba todo en la mesa, pero los jóvenes siguieron insistiendo en que solo iban a comer verduras. Fue entonces cuando Aspenaz, el siervo más importante de Nabucodonosor, se les acercó preocupado.

—El rey ya ha decidido lo que deben comer y beber —les explicó—, él quiere que crezcan sanos y fuertes, para que sigan siendo tan inteligentes como ahora. Si no crecen tan saludables como los demás jóvenes, podría echarme la culpa y yo perder la vida.

—No te preocupes, amigo mío —le dijo Daniel—, tráenos esos vegetales y danos de comer lo que te pedimos por diez días. Después puedes compararnos con los otros chicos que comen lo que el rey dice, y ya nos dirá quien es más saludable.

Aspenaz aceptó hacer la prueba y durante los siguientes diez días, Daniel y sus amigos se alimentaron con verduras y agua fresca. Siempre se acordaban de darle las gracias a Dios por la comida y por la educación que iban a recibir, y ciertamente, parecían más listos y despiertos que el resto de los muchachos.

Al darse cuenta los guardias de que su salud seguía siendo tan buena como la de los demás, aceptaron que continuaran sin comer lo que ordenaba Nabucodonosor.

Tres años después todos los jóvenes llevados a palacio habían completado su educación. Su Majestad hizo que todos fueran reunidos, para averiguar quienes eran los más inteligentes y que lo ayudaran a resolver los problemas del reino. Al volver a ver a Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego, se sorprendió de lo mucho que había crecido su sabiduría. A todos les había hecho varias preguntas, las cuales habían contestado diez veces mejor que el resto de sus compañeros.

Nabucodonosor decidió convertirlos en sus nuevos ayudantes y los cuatro amigos prometieron entonces, que siempre iban a confiar en Dios, ya que gracias a él tenían tanta suerte.

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Acerca del autor

Erika GC