Cuentos Infantiles de Navidad

El rey Artabán

Todos conocemos el cuento infantil de los Reyes Magos, esos tres sabios de Oriente que viajaron guiados por la estrella de Belén para conocer al Niño Jesús. Pero, ¿qué pensarías si te dijera que había un cuarto Rey Mago, que se presentó en el portal de Belén? Su nombre era Artabán y al igual que Melchor, Gaspar y Baltasar, se enteró del nacimiento del hijo de Dios gracias a esa estrella milagrosa.

Sus compañeros venían de lugares tan lejanos como él y llevaban oro, incienso y mirra para adorar al bebé. Artabán por su parte decidió obsequiarlo con un cofrecito en el que puso un rubí, un diamante y una perla.

Primero, los Reyes Magos habían acordado encontrarse en la ciudad de Babilonia. En el camino, Artabán se topó con un hombre malherido, al que unos hombres habían asaltado para quitarle todo su dinero. Apenado, decidió entregarle el diamante para que pudiera volver a su casa y recuperar todo lo que le habían quitado. Cuando llegó a Babilonia, los otros reyes ya habían partido rumbo a Judea, así que Artabán fue tras ellos.

Pero al atravesar el pueblo de Judea se encontró con una escena terrible. El despiadado rey Herodes, temeroso del nacimiento del Niño Jesús, había ordenado sacrificar a todos los recién nacidos.

En ese momento, Artabán vio como un soldado estaba a punto de acabar con niño, mientras su madre le suplicaba que no lo hiciera. El viajero se acercó y le ofreció al soldado el rubí para que dejara vivir al bebé. Y aunque el pequeño se salvó, Artabán fue arrestado por otros soldados que se dieron cuenta de lo que estaba haciendo. ¡Ya no iba a poder ver al Niño Dios! Pasó 33 años en la cárcel, cansado y sin esperanzas.

Cuando por fin lo liberaron, se enteró de que Jesús era ya un hombre e iba a ser crucificado. Artabán se puso en camino para ir a conocerlo y poco antes de llegar, se cruzó con una mujer que estaba a punto de perder su libertad, pues tenía muchas deudas que no podía pagar. Él le entregó la perla, lo único que le quedaba en el cofre que era para Jesús y siguió andando hasta llegar al monte Golgotá, donde él acababa de morir en la cruz.

Artabán lo miró con tristeza y le dijo:

—Perdóname Mesías, porque llegué demasiado tarde y con las manos vacías.

Entonces Jesús le habló desde el cielo:

—Llegas justo a tiempo, Artabán. Y hoy, tú te has ganado un lugar a mi lado en el Reino de los Cielos. Porque cuando me quitaron todo, tú me cuidaste y alimentaste, cuando iban a sacrificarme me salvaste y cuando iba a perder la libertad, me liberaste.

—Pero Señor —repuso Artabán confundido—, ¿en qué momento hice todas esas cosas?

—Cada acción noble que hiciste por tus hermanos en la Tierra, la hiciste por mí también.

Artabán comprendió y lloró de felicidad.

Esta es la historia del cuarto Rey Mago, quién nos enseña que debemos ser generosos sin esperar nada a cambio.

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Acerca del autor

Erika GC