Fábulas de Esopo

El ratón y la rana

Esta era una rana que tenía mucha hambre. Como ya no había nada que comer en su charca, saltó a tierra para ver si podía encontrar algo con lo cual llenarse el estómago. Ella era una criatura egoísta y mezquina, a la cual ninguna otra rana quería ayudar por su manera de ser. Pero como también era astuta, no tardó en encontrar a un ingenuo ratoncito que andaba paseando por el campo.

—Que hambrienta me siento —dijo la rana lastimeramente—, ¿no tendrás tú algo para darme con lo que pueda calmar esta hambre?

—Si quieres, te puedo llevar a un cultivo de maíz que está muy cerca de aquí —le ofreció el ratón—, ata mi pata a la tuya para que podamos andar sin perdernos.

Y la rana, muy obediente, usó una brizna de hierba para unir sus patas firmemente, tras lo cual marcharon hacia ese maravilloso trigal donde ella pudo comer hasta hartarse.

—¡Qué rico estaba todo! Hace mucho que no comía tanto y tan bien.

—Para eso están los amigos —le dijo el ratón con una sonrisa—, ahora vamos, que no tardan en venir los labradores.

Más adelante llegaron a un pantano y sin pensarlo, la rana saltó al agua con el ratón todavía prendido de su pata.

—¡Déjame ir, déjame ir! ¡Yo no sé nadar y aun estoy atado a tu pata! —exclamó él, asustado.

El pobrecito pataleó y trató de soltarse, pero a ella no le importó. Burlándose de su sufrimiento, nadó hasta el fondo y el roedor se ahogó.

Se encontraba la rana riéndose cuando desde el cielo, un milano descendió para pescar. Vio al ratón ahogado al fondo de la chacra y lo tomó con su pico, llevándose en el proceso a la rana, quien atada como estaba a su pata no pudo escapar de ser llevada por los aires.

—¡Bájame, bájame por favor! —trató de gritarle— ¡Es el ratón al que quieres!

Su destino final fue el nido del milano, quien al darse cuenta de que había cazado a dos animales en lugar de uno, se relamió con perversidad.

—¡Pero que buena va a estar la cena de hoy! —exclamó, arrinconando a la rana— Hace mucho que no como ancas de rana.

Ella, llorando, trató de suplicarle que le perdonara la vida, pero el milano no la escuchó.

—¿Respetaste tú la vida de este pobre ratón infeliz al ahogarlo bajo las aguas? ¿Por qué debería dejarte ir, cuando tú misma no valoras a otro ser vivo? —le preguntó y la rana se sintió muy avergonzada al darse cuenta de que tenía razón— Tarde o temprano todos pagamos por nuestras acciones, y me da gusto ser yo quien te de tu merecido. Nada es mejor que devorar a los seres que son tan malvados como tú.

Y diciendo esto, la devoró en el acto.

Moraleja: Toda acción malvada que emprendas regresará a ti de la manera más inesperada. Por eso, esfuérzate por ser amable con quienes te rodean y la vida será amable contigo.

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Erika GC

1 Comentario

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  • Gracias por compartir este cuento. Me gustaría contárselo a mi hija de seis años pero considero que la moraleja refuerza el miedo como herramienta de control para que los niños no repliquen el egoísmo de la rana. La perversidad del milano no está justificada. Cuando mi niña aprenda esta lección podría pensar que es correcto comportarse de forma mezquina y egoísta cuando alguien más ha actuado así anteriormente. Y que sólo seremos generosos porque la vida nos dará recompensas. La vida no recompensó al ratoncito que llevó al campo de maíz a la rana, lo cual contradice la moraleja. El milano tiene el poder para perdonar la vida de la rana y puede educarla para ser amable con quienes nos rodean, siendo afable y afectuoso, sin recurrir al miedo.

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