Hubo una vez un rey muy famoso llamado Salomón, el cual poseía gran sabiduría hasta que la perdió cuando decidió dejar de comunicarse con Dios y apartarse de Él. Fue una mala decisión, construyo enormes edificios y para ello obligo al pueblo a pagar impuestos excesivos, lo cual al inicio entristeció a su gente y luego provoco gran enojo en ellos, porque necesitaban ese dinero para alimentos y lo mas básico de sus familias.

Un día Salomón falleció y su hijo Roboam tuvo que continuar su reinado. Cuando los sabios quisieron aconsejarle que mejor era que el pueblo se contente con el, en vez de escuchar los sabios consejos de gente de mucha experiencia, los rechazo. Llamo a sus amigos y les contó lo sucedido, y ellos le dijeron esto:

-“No les hagas caso, continúa lo que tu padre hizo y mejor aumentales los impuestos para que te tengan miedo y todo el mundo sepa quien eres”.

Y así hizo Roboam, cuando los sabios se enteraron de lo necio que era este joven, le advirtieron que el pueblo podría rebelarse pero a el no le importo. Cuando en una ocasión estuvo frente a ellos hablándoles, casi lo apedrean. Fue tanto su miedo al estar solo y al frente de tanta gente enojada, que se asusto en gran manera.

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Como consecuencia de su necedad y de tomar tan malas decisiones al rechazar los sabios consejos, aquel reino se dividió en dos naciones, Judá e Israel.

El peligro de rechazar los consejos 1

 

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Paty Cuentacuentos

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