Cuentos Clásicos para Niños

El pájaro de oro (5ta parte)

Anteriormente, vimos que la zorra y el príncipe se habían aliado para dejar que él viviera su amor con la princesa, sin tener que entregarla al rey del caballo de oro. Así pues, la zorra se transformó en una criatura igual a la joven y entró en el palacio, donde le hizo una reverencia al soberano. Este se quedó tan contento, que dejó sin vacilar que el príncipe se marchara con su preciada montura.

Partieron él y la princesa pues, hasta el castillo del rey del pájaro de oro y en el camino, la zorra los volvió a alcanzar transformada de nuevo. La regalaron el caballo al monarca y este, muy agradecido, permitió que se llevaran a su pájaro con la jaula más bonita.

—¡Qué felicidad! —exclamó el joven— Que contento se va a poner mi padre en cuanto le entregue a esta ave tan hermosa.

Y así, volvieron a emprender el camino hasta su hogar, pasando por el pueblo en el cual el chico se había hospedado antes. Al cruzar por la posada alegre, se dieron cuenta de que adentro había un gran barullo, pero ya no porque estuvieran de fiesta: la gente había atrapado a un par de desvergonzados, que habían causado un montón de problemas y despilfarrado todo lo cuanto había en el negocio. Ahora los querían ahorcar.

El príncipe palideció al darse cuenta de que eran sus hermanos.

De inmediato, ofreció todas las monedas que llevaba con él por sus vidas. Y aunque al principio se encontraban renuentes, los aldeanos aceptaron liberarlos, no sin antes hacerles una advertencia a los viajeros:

—Si quieren pagar por ellos, muy bien. Pero estos dos no son trigo limpio y de ahora en más, no son bienvenidos por aquí —y les cerraron las puertas.

Todos juntos se dispusieron a volver a casa, pero los hermanos del príncipe, celosos al ver que había conseguido al pájaro de oro, se dispusieron a deshacerse de él a la menor oportunidad. Esta les llegó cuando encontraron un pozo profundo en medio del bosque.

—Vamos a parar aquí para descansar —les dijo su hermano menor, sentándose en el borde— y podremos comer y beber algo.

Sin embargo, apenas se sentó fue empujado por sus parientes y cayó a lo más hondo del pozo. Sus malvados hermanos se regodearon al creyerlo ahogado y se apoderaron de todo lo que llevaba con él.

—No solo regresaremos ante nuestro padre con el pájaro de oro, sino que también nos llevamos al caballo de oro y a la princesa del castillo de oro —dijeron con malevolencia. Y así, continuaron con su sendero, sin darse cuenta de que detrás de ellos, la zorra se había quedado escondida y ahora se asomaba al pozo.

Vio entonces que el príncipe no se había ahogado, el lugar estaba seco y él yacía vivo sobre unas hojas de musgo. Pero no podía salir debido a lo hondo que era el pozo.

—Bueno, una vez más te voy a ayudar —le dijo la zorra.

CONTINUARÁ…

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Erika GC

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