El mejor regalo de Santa Claus

Publicado por: Erika GC

Se acercaba la Navidad y Matías estaba más emocionado que nunca. Siempre que era 25 de diciembre, encontraba el arbolito repleto de regalos maravillosos para él y sus padres. No había nada como despertar aquella mañana y disfrutar de todos ellos. Sin embargo, había algo que preocupaba bastante al niño. Su amigo y vecino, Tomás, no parecía ser tan feliz con aquella fecha.

Nunca lo había visto salir de casa para jugar con algún juguete nuevo, o que sus ojos brillaran con emoción al escuchar hablar de Santa Claus. En una ocasión, para tratar de animarlo, le había preguntado que obsequios le habían traído.

El rostro de tristeza del niño había sido toda su respuesta.

¿Cómo podía ser que Santa se hubiera olvidado de su amigo? Matías no dejaba de pensar en esto mientras se acercaba la Navidad y entonces, decidió que en Nochebuena lo esperaría para preguntarle. Puso como de costumbre la leche y las galletas para el hombre vestido de rojo, y se quedó esperando cerca para sorprenderlo. Poco después de medianoche, Matías se había quedado profundamente dormido cuando escuchó unos ruidos en la chimenea.

Alguien bajaba por ahí.

Emocionado, se desesperezó y se escondió detrás de un sofá mientras Santa Claus salía de su chimenea, con un saco que se veía muy grande y repleto de cosas. De allí sacó varios paquetes con grandes moños rojos, que dejó debajo del árbol.

Matías salió entonces de su escondite y lo saludó.

—Santa, ¿por qué nunca le dejas regalos a mi amigo Tomás? ¿Es que no tienes suficientes obsequios para todos los niños? —le preguntó— Siempre lo veo triste y cabizbajo, y para que se sienta mejor, yo le presto mis juguetes. ¿Pero por qué nunca ha recibido nada de ti?

—Eres un niño muy bondadoso y sensible, es por eso que todas las Navidades, tu chimenea es una de las primeras que visito —dijo Santa Claus—. Mi saco es mágico, en el caben millones de regalos para los niños alrededor del mundo. Pero verás Matías, hay veces en las que no encuentro nada en él para dejar en ciertas casas, por más tristeza que esto me dé. Esto es porque en algunos hogares, hay familias que viven con mucho dolor y rencor. Y no hay ningún juguete que pueda solucionar eso.

Matías asintió con la cabeza, entendiendo.

—Pero —continuó Santa—, si hay otro tipo de regalos que pueden ayudar a esos niños. En mi costal también tengo oraciones, esperanza y mucho cariño para todos ellos. Cada año me hincó junto a sus camas a rezar por ellos, para que el año siguiente puedan experimentar la gran alegría de estas fechas.

—Así que en Navidad se pueden recibir diferentes clases de regalos, no solo juguetes —dijo Matías—. Pues entonces seguiré compartiendo los míos con Tomás, y además le brindaré mi amistad y mi apoyo.

—Esos serán los mejores obsequios que tu amigo pueda recibir por la mañana —dijo Santa guiñándole un ojo.

Y así desapareció, tan sigiloso como había entrado.

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Publicado por: Erika GC

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