Había una vez un niño llamado Luis que cada vez que estaba en el recreo de su escuela, trataba de maltratar a sus demás compañeros. Cada día la mamá recibía quejas y notas en un cuaderno, enviadas por la tutora de Luis.

La madre de Luis no sabía que hacer en realidad, pues ella trabajaba todos los días y llegaba a casa muy agotada con la esperanza de recibir alguna alegría de su amado hijo. Pero no siempre era así, lo cual la entristecía mucho.

Una mañana Luis vino a casa con el ojo morado, provoco una pelea en la escuela para demostrar que era muy fuerte y en realidad no lo era, era abusivo porque creía que eso le daba superioridad. En la dirección del colegio le hicieron entender a Luis y a su madre, que no saber controlar sus impulsos en realidad lo hacía débil como persona. Este niño aprendió en casa, de sus hermanos mayores.

Después de una larga conversación el niño entendió lo suficiente para empezar a dar cambios. Lo bueno de todo es siempre reconocer nuestras faltas para luego aceptar la ayuda necesaria. Su madre, empezó a llegar mas temprano a casa y los fines de semana Luis practicaba siempre un deporte favorito como la natación o el fútbol, controlaba cada vez su enojo e hizo buenos compañeros de juego.

 

La fortaleza física es mejor cuando es acompañada de nobleza, respeto y dominio propio. Esa es la verdadera fuerza de carácter.

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Acerca del autor

Paty Cuentacuentos