Fábulas Infantiles

El león y el elefante

En medio de la selva, vivía un gran león al que todos los animales habían coronado como su rey. Era tanta la admiración y la estima que le tenían, que no podían evitar competir entre todos para ver quien se convertía en su favorito. Sin embargo, todos sus esfuerzos eran inútiles, ya que el único animal que contaba con el aprecio de Su Majestad era el elefante.

El león lo consideraba como su mejor amigo, a pesar de su gran tamaño y su falta de fiereza. Y esto, era algo que el resto de las criaturas no podían comprender.

Así, la envidia y los celos fueron corrompiéndoles lentamente hasta que un día, todos decidieron reunirse para tratar de hacer algo al respecto. Estaban los animales en un claro secreto de la selva, armando gran bullicio. La primera en hablar fue la zorra.

—Es un misterio realmente, como nuestro querido rey puede preferir la compañía de un ser tan pesado y aburrido como el elefante —dijo ella—. Si al menos fuera tan astuto y tuviera una cola tan bella como la mía, al menos lo comprendería, ¡pero es tan poca cosa ese animal!

—Claro que lo es, ni siquiera tiene un cuello tan largo y hermoso como el mío —intervino la jirafa—. Su piel es fea, gris y arrugada, la mía es más interesante, con todas estas manchas. ¡Y aun así dice que es el mejor de sus amigos!

—No se olviden de mí, pues el león y yo podríamos casi ser como hermanos —dijo el tigre—, ambos somos felinos muy feroces y respetables. Nada puede compararse con la peligrosidad de mis garras. Pero ni con ellas he logrado ganarme el favor de su majestad.

—La única cosa por la que el rey quiere tanto al elefante, debe ser por esas enormes orejas —dijo el rinoceronte—, pues no podemos negar que son muy grandes. Aunque yo pienso que mi cuerno es más impresionante. Es solo que el rey no ha tenido el gusto de conocerme mejor.

Así, todos los animales se pusieron a discutir, presumiendo sus mejores atributos, quejándose en voz alta y protestando por la decisión del rey.

No se dieron cuenta de que el león estaba paseando cerca de ahí y llevaba un buen rato escuchándolos.

—Realmente es increíble cuan presumidos pueden ser algunos —dijo él aprovechando una pausa, que hizo que todos los presentes lo mirasen sorprendidos y avergonzados—. Tienen que saber, queridos súbditos, que yo considero que todos ustedes son muy especiales a su manera. Sin embargo, el elefante es mi mejor amigo no por sus orejas, o por cualquiera de sus ventajas físicas. Yo a él lo quiero porque es humilde, sincero y sé que me quiere no por ser el rey, sino por lo que tengo en el interior.

Moraleja: La modestia y la honestidad son mejores que la impaciencia y la presunción cuando intentas ganarte la amistad de alguien. Acércate a las personas con sinceridad y trata de ser tú mismo, y te amarán por lo que eres.

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Erika GC

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