El león y el chivo

Publicado por: Erika GC

En la ladera de la montaña, andaba caminando un león muy exhausto. Llevaba días sin comer por andar escapando de unos cazadores, pero por suerte, pensó, sería muy fácil atrapar a algún animal pequeño que anduviera pastando por allí. Justo en ese momento divisó a un pequeño chivo, que se encontraba en la parte más alta de la montaña.

El león se lamentó, pues él no podría trepar hasta allí sin que las rocas se desmoronaran encima de él. Pensando en alguna manera de engañarlo, le habló desde donde estaba con una voz muy suave.

—Chivito, eh, pequeño chivo —le dijo—, que gusto encontrarte. ¿Sabes que he encontrado un lugar muy especial?

El chivo, mirándolo con desconfianza, no se atrevió a bajar.

—No, no lo sabía —le contestó.

—Pues sí, es una pradera preciosa, llena de hierbas frescas y muy verdes que seguro te encantarían —le dijo el león—, a los tuyos les encanta comer hierba, ¿no es así?

—Sí, es lo que más nos gusta —le dio la razón el chivo.

—Pues entonces deberías bajar conmigo a conocer esa pradera, te aseguro que te gustará. ¡Podrás comer todas las hierbas que gustes!

El chivo apareció pensarlo un momento y luego negó con la cabeza.

—No gracias, estoy bien aquí. Además, acabo de comer.

—Seguro que te queda espacio para un bocadillo, ¿no se te antojan unas flores?

—Oh, no me gustan las flores, son demasiado olorosas. Prefiero por mucho el césped. Y da la casualidad de que hace un rato comí demasiado césped, ¿sabes?

El león, tratando de ocultar el enojo que sentía, insistió con aquella voz amistosa y suave. Se le hacía agua la boca con solo imaginar comiéndose a ese jugoso animalito.

—Acompáñame entonces, que yo si quiero descansar allí. Estoy muy solo y no conozco a nadie por aquí —dijo, tratando de causarle lástima.

—¿Cómo es qué no hay otros leones contigo?

—Unos cazadores los atraparon a todos y yo vine huyendo, mientras todos mis amigos se quedaban atrás. ¿No crees que eso es algo triste?

—Mucho muy triste, sí señor —dijo el chivo—, lo siento por ti. Pero no puedo bajar a acompañarte.

—¿Por qué no?

—Porque leones y chivos no pueden estar juntos, como tú no puedes estar en el mismo lugar que aquellos cazadores. Conozco a los tuyos y si voy contigo, me comerás antes de llegar a esa pradera. Sí es que de verdad existe.

Muy enojado al ver que su presa había descubierto su juego, el león quiso saltar hacia él para atraparlo de un bocado. Pero entonces, las rocas de la ladera se pusieron a temblar y hubo una avalancha. El chivo corrió a resguardarse en la cima, mientras el león era aplastado por las piedras.

Allí se quedó enterrado, lamentándose por subestimar la inteligencia de los más pequeños.

Moraleja: Cuídate de quienes se muestran amables contigo sin conocerte bien, pues pueden ocultar malas intenciones. Tu astucia y tu intuición son las mejores armas para impedir que otros te engañen.

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Publicado por: Erika GC

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