Fábulas de Esopo

El joven y la mala mujer

Este era un joven muy amable y apuesto, que había heredado una gran fortuna de su familia. Aunque en su pueblo había muchas muchachas que estaban enamoradas de él, él solamente se había fijado en una que era muy bella y lo trataba con mucho cariño. Ahora mismo se dirigía a su casa para visitarla y pasar el día juntos.

—Amor mío, ya estoy aquí —se anunció en cuanto hubo atravesado la puerta.

Ella lo abrazó y lo invitó a pasar, observando con mucho interés como el muchacho se quitaba la fina capa que traía puesta y la colgaba en el perchero.

—Te he extrañado mucho, amor mío —le dijo ella, dándole un beso—, pensé que ya no ibas a venir a visitarme.

Todo el día, el joven estuvo platicándole las cosas que había hecho durante la semana, mientras ella hacía como que lo escuchaba y le daba palabras dulces de vez en cuando. Hasta que se hizo de noche y el chico tuvo que despedirse.

—Bueno mi amor, he de regresar a casa —le dijo a la mujer—, dame un beso de despedida.

Ella lo besó.

—Antes de que te vayas, ¿podrías darme dinero para ir a comprar algo de ropa? Mis vestidos ya están muy viejos y me avergüenza que me vean desarreglada cuando estoy contigo, ¡imagínate que va a decir la gente!

—Lo que sea por ti, amor mío —el joven sacó su cartera para entregarle unos cuantos billetes y entonces, la chica vio que en la mano traía un anillo de brillantes muy fino.

—¡Qué hermoso anillo! —exclamó.

—¿Te gusta?

—Me encanta, yo nunca he tenido ninguna joya tan fina —dijo ella con falsa tristeza—, ya sabes que soy tan pobre. ¿Me lo regalas?

Sonriendo, el joven se lo quitó y se lo puso en el dedo, sin darse cuenta de como los ojos de su novia brillaban de avaricia.

—Bueno mi vida, ahora sí tengo que irme. Nos vemos en un par de días —y tras despedirse, el muchacho tomó su capa del perchero y salió de la casa.

No bien se hubo ido, la chica se derrumbó y se puso a llorar con tristeza, tan fuerte, que una de sus amigas que vivía al lado la escuchó y fue a ver que le pasaba.

—No llores más, amiga —le dijo—, ya verás que muy pronto va a regresar tu novio. En unos días podrán estar juntos de nuevo.

—Ay, si no estoy llorando porque se haya ido —confesó ella—. Es que no pude quitarle la capa tan bonita que traía puesta, se la llevó antes de que le dijera nada.

Y entonces su amiga se quedó muy decepcionada, pues se dio cuenta de que solo le importaban las cosas materiales y no los sentimientos.

Moraleja: La codicia y el interés son razones terribles que mueven a algunas personas a engañar a otros, fingiendo lo que no sienten. Por eso, busca estar cerca de las personas que te aman y aceptan por quién eres, y no por lo que tienes.

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Acerca del autor

Erika GC