Fábulas de Esopo

El gato, el gallo y el ratón joven

Un ratón muy joven, que nunca había visto nada del mundo, decidió salir de su madriguera a explorar. Sin embargo, casi se muere del susto durante su primer paseo. Esta es la historia que le contó a su madre sobre sus aventuras.

—Caminaba muy tranquilamente cuando, justo al doblar la esquina en dirección hacia el patio, vi a dos extrañas criaturas. Una de ellas tenía una mirada muy amable y sincera, pero la otra, era el monstruo más temible que te puedas imaginar. ¡Tendrías que haberlo visto! En la parte superior de su cabeza y delante de su cuello colgaban trozos de carne roja cruda. Caminaba inquieto, rasgando el suelo con los dedos de los pies y golpeándose los brazos salvajemente contra los costados. En el momento en que me vio, abrió su boca puntiaguda como si me fuera a tragar, y luego dejó escapar un rugido penetrante, que me asustó casi hasta la muerte.

¿Puedes adivinar que criatura era la que el joven pequeño estaba tratando de describirle a su madre? No era nadie más que el gallo de corral y el primero al que el ratoncito había visto.

—Si no hubiera sido por ese monstruo terrible —continuó el ratón—, podría haber conocido a la otra bella criatura, que se veía tan buena y tan gentil. Tenía un pelaje grueso y aterciopelado, una cara tierna y una mirada modesta pero muy hermosa, porque sus ojos eran grandes y brillantes. Mientras me miraba, agitó su larga y fina cola y me sonrió. Estoy seguro de que estaba a punto de hablarme cuando el monstruo del que te hablé, dejó escapar un grito y corrí a salvar mi vida.

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—Hijito —la dijo la ratona madre—, esa gentil criatura que viste no era otra que el gato. Bajo su hermosa y adorable apariencia, esconde un inmenso rencor contra cada uno de nosotros. El otro no era más que un pájaro que no haría daño a nadie en lo más mínimo, al contrario, siempre procura que nos levantemos a tiempo, al cantar cuando se eleva el sol. En cuanto al gato, nos come. Así que agradece, hijo mío, que escapaste con tu vida y, mientras vivas, nunca más juzgues a los otros por su aspecto.

Moraleja: No te dejes llevar solo por las apariencias externas, hay personas que pueden ser muy distintas en su interior. Lo que más importante son nuestros buenos sentimientos.

El gato, el gallo y el ratón joven 1

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