Leyendas Infantiles Cortas

El cuervo y el búho

¿Has visto alguna vez cuan negras son las plumas de un cuervo? Este animal tiene un plumaje tan oscuro, que a veces es difícil distinguirlo en medio de la noche. Aunque no lo creas, no siempre fue así. Dicen que hace mucho tiempo, el primer cuervo era tan blanco como la nieve y se sentía muy orgulloso de mostrar sus plumas inmaculadas. En ese entonces tenía un gran amigo: el búho.

El primer búho tampoco era como lo conocemos hoy en día, su plumaje era tan blanco como el del cuervo y a diferencia de él, no se sentía a gusto. Tenía muchas ganas de vestir un traje mucho más especial.

Viendo lo desanimado que estaba su amigo, un día el cuervo decidió hacerle un nuevo vestido lleno de manchas marrones. El búho, al probárselo se puso muy contento, finalmente tenía algo para diferenciarse del cuervo. Para agradecerle, le prometió que le haría unas botas de hueso de ballena y que le tejería un vestido para el invierno. Fue a buscar sus agujas, su lana y también un poco de grasa de ballena, para calentar su casa mientras trabajaba.

Por muchas noches trabajó incansablemente hasta que el vestido estuvo listo.

—Te espero esta tarde en mi casa para tomar el té y probarte el vestido —le dijo al cuervo—, por favor, no llegues tarde.

El cuervo estaba tan emocionado por su regalo, que incluso se presentó con el búho antes de lo acordado y tomaron un té con galletitas.

—¡No puedo esperar a probarme mi vestido nuevo! —exclamó el cuervo.

—Espera que voy a buscarlo, pero trata de contener tu emoción —le dijo su amigo.

Al ver lo bonito que era el traje que le había tejido, el cuervo no pudo evitar saltar de un lado a otro, demasiado exaltado como para que el búho se lo pudiera probar. Y esto lo estaba poniendo de muy mal humor, pues aunque se consideraba un ave paciente, no le gustaba para nada perder el tiempo.

—¿Quieres quedarte quieto un segundo? ¡No puedo ponerte el vestido! —le dijo enfadado.

—¡Es que es tan bonito! ¡Tan bonito que mi corazón está a punto de estallar! —gritó el cuervo.

Finalmente el búho se dio por vencido y decidió que calentaría de nuevo un poco de aceite de ballena.

—Ten cuidado si vuelo con la lámpara de aceite sobre ti —le advirtió al cuervo.

Pero este apenas lo escucho, revoloteando por toda la casa con tan poco cuidado, que el búho dejó caer la lámpara y todo el aceite se derramó sobre las plumas del cuervo, quemándolo por completo.

—¡Mis plumas, mis plumas! —chilló él desesperado— ¿Qué has hecho?

Desde ese día su plumaje blanco, del que se sentía tan orgulloso, se volvió tan negro como el ébano y nunca pudo recobrar su color original. Y por eso hasta hoy, es que los cuervos son oscuros y graznan llorando por su natural imprudencia. Los búhos por su parte, tienen un hermoso plumaje manchado, pero solo salen de noche para evitar encontrarse con algún cuervo.

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Acerca del autor

Erika GC

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