El cofre volador

Publicado por: Erika GC

Erase una vez un mercader muy rico, que era experto en hacer dinero. Cuando daba un centavo solo era para recibir un escudo a cambio. Gracias a esto, consiguió amasar una gran fortuna, que después de morir él fue a parar a manos de su hijo, un joven al que solo le importaba gastar y divertirse.

Por eso, no fue de extrañar que un buen día se le acabara todo el dinero, abandonándolo sus amigos y quedando él sin más posesión que un viejo cofre que tenía un mensaje: “Embala”.

Como el muchacho no tenía nada que embalar, se metió él mismo dentro del cofre y por poco se muere del susto al sentir como este daba un salto, elevándose en los aires y transportándolo hasta una ciudad maravillosa, en la tierra de los turcos.

El joven salió de su inesperado transporte, lo ocultó bien y le preguntó a una aya que paseaba en las cercanías quien vivía en el palacio que podía distinguirse en el horizonte de la ciudadela.

—Ese es el hogar del rey y la reina, y de su hija la princesa —le respondió ella—. Su padre no la deja salir, pues cuando nació, un sabio predijo que ella se enamoraría de un hombre que la haría desgraciada toda su vida. Es por eso que la princesa nunca se va a casar.

El muchacho le dio las gracias y volvió a montarse en su cofre, introduciéndose en las habitaciones de la princesa, quien dormía profundamente. Al verla, él la encontró tan hermosa que no se pudo resistir a darle un beso, despertándola.

Al principio, la muchacha se asustó pero él le explicó que era el rey de los turcos y le contó cuentos maravillosos, que hicieron que la chica se enamorara de él.

Cuando el hijo del mercader le preguntó si quería ser su esposa, ella aceptó emocionada.

—Pero tendrás que tomar el té con mis padres y contarles una historia divertida para convencerlos —le advirtió.

Así lo hizo. La princesa organizó una reunión de té para que los reyes pudieran conocer al rey de los turcos, y quedaron tan encantados con sus historias, que de inmediato bendijeron su unión e hicieron los preparativos para una gran celebración.

El muchacho por su parte, voló lejos de la ciudad en su cofre para comprobar la algarabía que había provocado en los súbditos.

—Voy a llevar fuegos artificiales para impresionar a mi futura esposa —se dijo.

Con tan mala suerte que al coger una bengala, una chispa salió incendiando su cofrecito y dejándolo sin manera de volver a la ciudad. Mientras tanto en palacio, la princesa estaba vestida para la boda y el banquete dispuesto, pero su prometido no aparecía por ningún lado. Así que ella se quedó esperándolo por horas y horas.

Dicen que aun hoy en día sigue aguardando por él, vestida de blanco y con los regalos de boda sin abrir. Su prometido en cambio, recorre el mundo buscando la manera de volver y contando historias a quienes encuentra en el camino.

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Publicado por: Erika GC

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