Un día de intenso calor un hombre decide ir al pueblo llevando mercadería sobre su asno, también llevo a su caballo y sobre su lomo solo puso un bidón de agua para los tres. Al asno le puso toda la carga pesada en su lomo, y el camino sería largo. Durante el trayecto, el asno iba agotándose cada vez más y poco a poco le era casi imposible continuar. Se detuvo un instante y le suplico al caballo un poco de ayuda para continuar viviendo, el caballo oyó claramente pero prefirió seguir indiferente haciendo oídos sordos ante las súplicas del asno, quien a causa de la deshidratación y fatiga, murió allí mismo en el camino.

El dueño que caminaba delante de ellos aun no se daba cuenta de lo sucedido, cuando de pronto por alguna razón, el hombre voltea y ve que el asno algo distante de el, yacía en el suelo, corrió hacia el, y al ver lo sucedido, el dueño muy preocupado, no tuvo más remedio que poner toda la carga en el lomo del caballo incluyendo el cuerpo inerte del asno quien ahora era más pesado que antes. El caballo resignado y muy arrepentido, acepto que si hubiera ayudado al pobre asno, no solo hubiera actuado bien, sino que se hubiera hecho un favor a sí mismo. No tendría que llevar tanto peso y encima al asno que pesaba tanto. Ahora podía entender muy bien y en carne propia, lo que el asno padeció.

caballo muy egoísta no quiso ayudar al asno quien murió.

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Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu prójimo cuando te lo pide, sin saberlo, en realidad te perjudicas a ti mismo.

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Esopo

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