El ave fénix

Publicado por: Erika GC

Esta cuento infantil clásico es una adaptación del relato original de Hans Christian Andersen.

Cuentan que hace mucho tiempo, cuando la creación comenzaba y Adán y Eva vivían en el Edén de Dios, el dolor y el pecado no existían, así como tampoco la sabiduría o la vergüenza. Ambos permanecían en medio de las más hermosas flores y animales, sin conocer lo que era la maldad, el miedo, el rencor, la venganza. Se amaban mucho de manera incondicional y también amaban a su creador, que amorosamente les había dado la vida.

Pero todo esto cambió cuando ambos comieron del fruto prohibido y tuvieron que ser expulsados del paraíso. La serpiente rastrera los había engañado, diciéndoles que serían más sabios que Dios si osaban tomarlo. Un ángel con una espalda en llamas los guió hasta las puertas del jardín eterno y se quedó custodiando la entrada.

Cerca de ahí, un pequeño pajarito había hecho su nido entre las ramas de un árbol cercano, con tan mala suerte que una flama se desprendió de la espada del ángel y fue a parar ahí, haciendo que muriera abrasado. Pero Dios, apiadándose de la criatura, le permitió nacer otra vez desde un huevo color carmesí.

Cuando salió de él, el ave se había convertido en un hermoso ser cuyas plumas parecían hechas de fuego puro. Era el ave fénix, la única que podría renacer desde sus cenizas para conceder la esperanza de un nuevo comienzo. Según la leyenda, hasta el día de hoy habita en las tierras de Arabia, donde hace su nido para incinerarse cada cien años y nacer una vez más.

Al pájaro le gusta volar sobre nuestras cabezas y entrar en las habitaciones de los niños recién nacidos. Cuando sus madres les cantan y acomodan sus cabezas sobre las almohadas, él vuela alrededor de ellas para hacerles una aureola como a los angelitos.

Además de vivir en Arabia, el ave fénix suele viajar hasta Laponia para batir sus alas y provocar las hermosas auroras boreales que iluminan el cielo, con sus resplandores violetas, verdes y azules. Cuando es verano en Groenlandia, (una estación muy breve en las tierras gélidas), salta entre las flores para hacer brotar esos capullos amarillos que no dejan de ver hacia el sol. En ocasiones también viaja hasta el río Ganges, en la India, donde los ojos de las doncellas que lavan la ropa se iluminan ante su presencia.

Y no hay que olvidar las visitas que hace en las lejanas minas de Inglaterra, donde su resplandor ilumina las manos piadosas de los trabajadores, que en medio de la oscuridad las juntan para rezar devocionarios.

Dicen que esta criatura seguirá recorriendo el mundo hasta el día en que las puertas del paraíso, vuelvan a ser abiertas para toda la humanidad. Mientras tanto seguirá entre nosotros, para recordarnos que a pesar de las malas acciones, los días tristes y los incidentes trágicos, siempre podemos comenzar de nuevo. Mientras tengamos lo más importante que puedan poseer los seres humanos: la esperanza.

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Publicado por: Erika GC

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