El arca de Noé

Publicado por: Erika GC

Cuento infantil basado en una historia de la Biblia.

Hace miles de años, después de que la Tierra se poblara tras los primeros descendientes de Adán y Eva, los hombres y mujeres del mundo se vieron corrompidos por el mal que había traído el pecado. Mentían, robaban y se mataban entre ellos sin escuchar a su corazón. Eran crueles con los indefensos y mencionaban el nombre de su creador en vano.

Dios, al ver esto, decidió que tenía que limpiar nuestro planeta de todas aquellas personas malvadas para que la vida volviera a comenzar de nuevo.

Entre todos ellos solamente había un hombre justo y bueno, que aun lo amaba con todo su corazón. Su nombre era Noé y una noche, Dios le habló en un sueño.

—Voy a mandar un diluvio a la Tierra, que borrara toda señal de vida —le dijo—, pero tú y tu familia podrán salvarse. Quiero que construyas un arca enorme, en la que puedas entrar con tus seres queridos y una pareja de cada animal que exista en el mundo. Solo así podrán sobrevivir cuando las aguas suban.

Al despertar, Noé llamó a sus hijos y se pusieron inmediatamente manos a la obra, erigiendo un arca de descomunales dimensiones.

Cuando la gente los veía, se burlaba de ellos porque pensaba que estaban locos.

—¡Vaya dementes! Construir un arca tan grande cuando hace años que no llueve por aquí —decían—, ¿qué tonto es Noé!

Pero él seguía trabajando incansablemente para complacer a Dios. Nadie le creía cuando explicaba que se acercaba un diluvio inmenso. Sin embargo, llegó el día marcado por el señor y Noé abrió las puertas de su arca de par en par.

Y de todos los rincones del mundo, llegaron animales en parejas de macho y hambre, desde el más diminuto hasta el más enorme.

Una vez que estuvieron todos en el barco, Noé llamó a su familia y entró con su esposa, sus hijos, las mujeres de estos y sus nietos. Cerraron el arca y esperaron en tanto afuera, las personas continuaban insultándolos y pecando.

Entonces la primera gota cayó del cielo y se desató un diluvio que duró cuarenta días y cuarenta noches.

Toda la gente pereció bajo las aguas, que cubrieron ciudades, pueblos y montañas. En medio de la tempestad, el arca de Noé navegaba contra la corriente y sus ocupantes no dejaban de rezar a Dios para que los mantuviese a salvo.

Cuando el diluvio terminó, el navío se quedó varado en la punta del monte Ararat y Noé soltó una paloma blanca para ir a explorar el lugar.

Las aguas descendieron y la palomita volvió con una rama de laurel en su pico.

—Es una señal de que podemos descender —dijo Noé—, ¡Dios se ha apiadado de nosotros!

Todos los animales salieron en tropel para volver a repoblar la tierra y Noé, junto con su familia, encendieron una hoguera para darle las gracias a Dios. Entonces él hizo aparecer un arcoiris en el cielo, en reconocimiento a la bondad de Noé.

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Publicado por: Erika GC

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