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El águila que no sabía quien era

Cuentan que en una ocasión, un águila iba sobrevolando por encima de una granja y sin darse cuenta, dejó caer uno de sus huevos. El huevecillo rodó por una pila de heno hasta ir a parar al corral de las gallinas, sin que estas tampoco se dieran cuenta. Una de ellas, al verlo tirado en el suelo, creyó que se había resbalado de su nido y lo recogió para empollarlo. Así pues, nunca supo que lo que en realidad estaba protegiendo era a una futura cría de águila.

Cuando todos sus huevitos se rompieron y los pajaritos nacieron, la gallina se quedó muy sorprendida al ver al aguilucho. Comparado con sus otros polluelos, este era muy raro. Sin embargo, a pesar de su apariencia se dedicó a cuidarlo con amor, pues su instinto maternal era más fuerte.

Todos los pajarillos crecieron juntos. A menudo, el aguilucho sufría porque los otros pollitos se burlaban de él, diciéndole que era el más feo de todo el corral. Su mamá lo consolaba, diciéndole que ya crecería y cambiaría para ser más como ellos. Pero el tiempo pasaba y el aguilucho, en vez de parecerse más a un pollo guapo, se veía más y más diferente.

Un día se encontraba fuera del corral, mirando como los otros jugaban, cuando un águila lo vio desde lo alto y fue hacia él.

—Pequeño, ¿qué haces? ¿Por qué te comportas como pollo? —le preguntó.

—Pues porque soy un pollo —respondió el aguilucho extrañado.

—No —le dijo el águila—, tú eres un águila. Mira que pico tan poderoso tienes, mira lo fuertes que son tus garras y lo magníficas que son tus alas. Eres una de las mejores aves del mundo y puedes volar a gran altura.

El aguilucho se quedó petrificado al escucharlo. Toda su vida lo habían criado como pollo, ¿cómo creer que era un pájaro tan poderoso cuando se sentía el pollito más feo del mundo?

—Vuela —le dijo el águila.

—No, ¿cómo voy a volar si jamás lo he hecho?

—Vamos, tú puedes.

El aguilucho batió sus alas débilmente, sin poder elevarse.

—¿Ves? Te dije que no podía hacerlo.

El águila entonces lo tomó entre sus garras y lo llevó a la cima de una colina, la más alta de la región. Desde allí lo dejó caer y el aguilucho, gritando de terror, comenzó a batir sus alas frenéticamente, hasta que sintió que la gravedad disminuía y él remontaba el vuelo de manera milagrosa.

—¿Ya lo ves? ¡Puedes volar! —le dijo el águila— ¡Solo necesitabas vencer tu miedo!

Desde ese día, el aguilucho nunca más volvió a sentirse solo, ni a hacerse menos.

Moraleja: Lo que este cuento para niños nos enseña, es que todos tenemos grandes talentos aguardando dentro de nosotros para florecer, pero a veces la única manera de mostrarlos, es atreviéndonos a probar cosas nuevas y saltando al vacío. El miedo es tu peor enemigo cuando quieres salir adelante, ¡atrévete a ser diferente y no te avergüences de esas cosas que te hacen único!

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Acerca del autor

Erika GC

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