Hubo una vez un hombre que estaba muy viejo y sin fuerzas. Este señor, tenía muchas dificultades para comer, beber, entre otras cosas. Pero un día a la hora de almorzar, todos en familia estaban reunidos, el hijo, la esposa y el nieto.

A la hora de comer no solo se le caía la sopa de la boca, también se le caía la cuchara y a veces rompía el plato, estaban tan enojados con el abuelo que su hijo se puso de acuerdo con su esposa y desde entonces, ya no comían con el abuelo. Lo pusieron en un rincón de la casa frente al comedor y le daban de comer en plato de madera. El abuelo comía como podía llorando cada día amargamente por lo que le hacían.

Pero una tarde el anciano dejo caer su plato haciéndose pedazos al caer. Paso un rato y el nieto empezó a juntar los pedazos de madera del plato roto. Cuando sus padres le preguntaron que hacía, el nieto respondió inocentemente:

-«Estoy juntando los pedazos del plato para cuando yo sea grande lo pueda arreglar y así les de de comer a ustedes cuando sean ancianos, así como hacen con el abuelo».

Los padres sorprendidos se miraron entre ellos y en silencio derramaron lagrimas y comprendieron el mensaje negativo que le habían dado a su pequeño. Ellos recapacitaron y de allí en adelante sentaron en la mesa una vez mas al abuelo y empezaron a tratarlo como a ellos les gustaría ser tratados por su hijo. Le daban de comer con mucho amor y paciencia pues todos llegaremos a ser ancianos decían.

Lo mínimo que le debemos a los mayores es respeto, comprensión y mucho cariño.

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Hermanos Grimm

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