Daniel entre los leones

Publicado por: Erika GC

Hace mucho tiempo, el reino de Babilonia celebró el ascenso al poder de su nuevo rey, Darío. Él era un hombre justo e inteligente, que se hizo rodear al instante de una veintena de personas para que lo ayudaran a gobernar. Tres de ellos serían los más cercanos a él, quienes lo aconsejarían para resolver las cuestiones de política y tendrían autoridad sobre los otros.

Uno de ellos fue Daniel, un hombre de corazón bondadoso y con gran devoción a Dios. Era tan juicioso y leal, que pronto se convirtió en el favorito del soberano, quien ya pensaba darle gran potestad sobre el reino.

El resto de sus consejeros sin embargo, sintieron gran envidia hacia él y empezaron a conspirar para quitarlo del camino. No obstante era muy difícil encontrar razones, pues Daniel era honesto y muy eficaz en su trabajo. Su única debilidad por supuesto, era su adoración por Dios, en el cual confiaba por sobre todas las cosas.

Los malvados hombres vieron una oportunidad e hicieron establecer una nueva ley,

En ella se decretaba que todos los habitantes no adorarían a otra persona sino a Darío, quien no viendo inicialmente ningún problema, firmó el edicto sin saber lo que pasaría después.

Cuando sus consejeros descubrieron a Daniel arrodillándose para hacer su oración matutina a Dios, lo hicieron arrestar, alegando que había infringido la ley. Su castigo sería ser arrojado al foso de los leones, para que lo devoraran vivo.

Darío, viendo el gran error que había cometido, intentó por todos los medios salvarlo, pero no había nada que pudiera hacer para invalidar sus propias reglas.

Al final, cuando Daniel estaba por ser metido a la fosa, le dijo lo siguiente:

—¡Tu Dios ha de salvarte por ser el más leal de sus hombres!

Se retiró entonces con sus hombres y pasó la noche en vela. A la mañana siguiente, acudió con rapidez a la fosa acompañado de los consejeros.

—¡Daniel, siervo de Dios! ¿Ha podido salvarte tu señor de los leones?

Cuando nadie contestó, el rey se asomó a la fosa temiendo lo peor. Grande fue su sorpresa al ver que Daniel no solo estaba vivo, sino que los leones dormían a su lado pacíficamente y él no mostraba ningún daño.

—¡Dios envío a uno de sus ángeles para cerrar la boca de las fieras! —gritó él con alegría— Ya ves mi rey, que he sido juicioso al adorarlo y ahora que sabes cuan grande es su poder, entenderás que no he hecho nada malo en tu contra.

Viendo Darío que tenía razón, hizo que lo sacaran del foso inmediatamente e invalidó la absurda ley de su comitiva, estableciendo que de ahí en adelante, su pueblo no habría de adorar a nadie sino al Dios verdadero. En cuanto a los enemigos de Daniel, ellos tuvieron su castigo siendo encerrados con las bestias, que no tuvieron piedad con ninguno de ellos.

Daniel vivió el resto de sus días rodeado de riqueza y el aprecio incondicional del gobernante de Babilonia.

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Publicado por: Erika GC

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