Cuentos Infantiles de Navidad

Belsnickel, el amigo de Santa Claus

Como bien sabes, la tarea más importante de Santa Claus es repartir regalos a los pequeños de todo el mundo, para asegurarse de que sean felices en Navidad. Sin embargo, cada vez había más niños y niños, y desde el Polo Norte, él se dio cuenta de que no podía hacerse cargo de todos. Así que decidió contratar a algunos ayudantes para que le ayudaran a repartir sus obsequios, en diferentes países. Hadas, duendes y otros seres mágicos, incluso algunos animales se presentaron como voluntarios para ayudarlo.

Un día, Santa Claus viajó hasta Alemania para buscar a un nuevo ayudante. Había escuchado hablar acerca de un bondadoso anciano llamado Belsnickel, que vivía en lo alto de las montañas. Era un hombre alto, callado y de larga barba blanca, que de vez en cuando bajaba al pueblo a comprar provisiones.

Los niños le tenían miedo puesto que no lo conocían. Belsnickel sin embargo, adoraba a los chiquillos.

Por desgracia él nunca había podido tener hijos, así que cada invierno, en secreto, compraba varios juguetes y por las noches los dejaba en las puertas de sus casas, disfrutando de al escuchar sus risas desde la montaña.

Santa Claus se presentó en su cabaña y se sorprendió al darse cuenta de lo similares que eran. Belsnickel, igual de asombrado, lo invitó a pasar y le sirvió una taza de chocolate.

—Estoy buscando ayudantes alrededor del mundo, que me ayuden a repartir regalos entre los niños —le informó Santa–, sé muy bien cuanto amas darles alegría en esta época y por eso creo que tú puedes ser perfecto para el trabajo. Tú te encargarás de representarme ante los chicos que viven en el pueblo y los alrededores.

—Pero Santa, yo soy solo un pobre viejo, no soy nada comparado contigo —le dijo Belsnickel con tristeza—, ni siquiera puedo mostrarme ante los niños porque les doy temor. ¿Por qué crees que siempre les dejo sus regalos a escondidas?

–Ellos te amarán una vez que comiences a hacerlo tú mismo —le aconsejó Santa—, yo también soy viejo pero me siento joven de corazón. Y cada vez que salgo de casa para repartir mis obsequios, los niños me agradecen y yo siento su amor incondicional. ¿No quisieras lo mismo para ti?

El anciano ermitaño se quedó pensando y finalmente, aceptó representar a Santa Claus.

—No te preocupes por bajar al pueblo, ahora todos los años recibirás los juguetes que quieren los niños y que hago en mi fábrica.

Desde aquella Navidad, Belsnickel no volvió a ver nunca más a Santa Claus pero sabía bien que pensaba en él desde el Polo Norte. Y cada año, el 24 de Diciembre, se ponía muy contento al ver el enorme trineo cargado de regalos que esperaba afuera de su puerta, listo para ir a visitar a los niños.

Belsnickel se hizo muy popular en el pueblo y pronto todos dejaron de temerle. Los más pequeños siempre se alegraban con su presencia y hasta hoy, su leyenda continúa siendo una de las más hermosas de Alemania.

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Acerca del autor

Erika GC

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