Barba Azul (1ra parte)

Publicado por: Erika GC

Había una vez un hombre muy rico que contaba con muchas propiedades en la ciudad donde vivía, hermosos objetos de oro y playa y muebles muy finos, entre otros lujos que fácilmente, podrían haberle hecho conseguir esposa en un santiamén. Sin embargo había un problema: tenía una barba larga y de color azul que lo volvía muy feo a ojos de todas las jóvenes casaderas.

Por esto, todos lo conocían por el nombre de Barba Azul y no había muchas personas que se atrevieran a acercarse a él. Y es que, además, era bien sabido que en el pasado, se había casado con varias mujeres de las que nada había vuelto a saberse.

Un día, Barba Azul se dirigió a una de sus vecinas, la cual tenía dos hijas muy hermosas. Le pidió una en matrimonio y la mujer le dijo que escogiera la que le gustara más.

Las hermanas, muy asustadas, no querían casarse con él.

Pero Barba Azul, para conocerlas mejor, las invitó a pasar unos días en su caza con algunas de sus amigas, para que se divirtieran entre banquetes, salidas a cazar o al lago. Luego de pasarla tan bien aquellos días y de ver todas las riquezas que poseía, a la menor de las hermanitas le pareció que aquel hombre no era tan feo.

Decidió que sería ella la que se casara con él y las bodas se llevaron a cabo, por todo lo alto.

Un mes después, Barba Azul le anunciaba que debía viajar fuera de la ciudad por negocios, pero que ella podía quedarse en casa e invitar a quien quisiera. También le dio las llaves de la casa, indicándole para que era cada una.

—Puedes usarlas para entrar en donde quieras —le dijo—, excepto esta pequeñita de aquí. Esta es la llave de un gabinete al que solo puedo entrar yo. Te prohíbo que te asomes a él. Si lo haces, ¡ay de ti! Porque no vas a poder escapar de mi furia.

La muchacha le prometió que no lo abriría y dicho esto, Barba Azul se marchó de viaje.

Su esposa invitó entonces a todas sus vecinas y sus amistades para que disfrutaran en su ausencia, y todas la pasaron muy bien. Ella les fue enseñando cada una de las habitaciones de la enorme casa en donde vivía, abrió los aparadores para sacar las vajillas de oro y plata y también las galerías, que estaban llenas de obras de arte.

—¿Y qué hay detrás de esa puerta? —le preguntó una de sus amigas, señalando el gabinete prohibido.

—No lo sé, mi esposo me ha prohibido entrar ahí —respondió ella.

Y aunque las damas no le dieron importancia y continuaron con el recorrido, la joven no pudo dejar de pensar en ello y se preguntó que habría en la habitación secreta de su marido. La duda se plantó en ella con tal intensidad, que fue incapaz de pensar en otra cosa durante todo el día.

Finalmente, se decidió a echar un vistazo…

CONTINUARÁ…

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Publicado por: Erika GC

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