Aladino y la lámpara maravillosa

Publicado por: Erika GC

En un reino lejano de Arabia vivía Aladino, un muchacho muy irresponsable que no tenía a nadie en el mundo, más que a su padre madre. Constantemente robaba y actuaba de mala manera, echando por tierra los esfuerzos de la mujer para educarlo como a una persona decente. Pero como ella lo quería mucho, nunca tenía fuerzas para corregirlo.

Un día, llegó a casa de Aladino un viejo muy bien vestido, que afirmó ser su tío lejano. Su madre lo atendió lo mejor que pudo y le preparó la cena con lo poco que tenían.

—Mañana me vas a acompañar en un viaje hasta el desierto —le dijo el hombre a Aladino—, cuando regresemos, te voy a convertir en un comerciante tan rico como lo soy yo.

Aladino aceptó de buena gana, imaginándose todas las riquezas que obtendría por ayudarlo. Lo que no sabía en realidad, es que aquel desconocido no era pariente suyo, sino un malvado hechicero que necesitaba a un muchacho ágil como él para penetrar en una cueva misteriosa y buscar la lámpara maravillosa.

Al día siguiente, los dos partieron al desierto y viajaron hasta que el sol se puso, llegando a un paraje desierto entre las dunas. Allí, el mago pronunció unas palabras secretas y una gruta emergió de entre la arena.

—Entra allí y tráeme la lámpara que encontrarás en el interior —le ordenó el hechicero a Aladino—, cuando lo hagas, volveremos a casa.

Aladino descendió entonces por una amplia escalinata de piedra, hasta conseguir la lámpara. Al mago le brillaron los ojos de codicia al ver que volvía con su tesoro entre las manos.

—¡Dámela! —le gritó, impaciente.

—Espera a que salga de aquí —le dijo el muchacho.

Pero el mago no quiso esperar e intentó arrebatársela. En su desesperación, la caverna tembló de nuevo y Aladino cayó hacia atrás con la lámpara, quedando encerrado. Lleno de rabia, el hechicero lo maldijo y se marchó, dejándolo atrapado.

Muy triste, Aladino miró la lámpara y la frotó para ver si al menos, podía conseguir algo de luz. Grande fue su sorpresa cuando del interior, emergió un genio que se inclinó hacia él.

—Tus deseos son órdenes para mí, amo —le dijo.

Estupefacto, Aladino le pidió que lo sacara de la cueva y lo llevara de vuelta a casa. Muy pronto volvió a aparecer junto a su querida madre, quien se sorprendió al escuchar lo que había ocurrido en el desierto. A partir de ese momento y gracias al genio de la lámpara, sus vidas mejoraron mucho.

Aladino se volvió tan rico como un príncipe y luego le regaló al sultán mil piedras preciosas, junto con todo tipo de extraordinarias riquezas. A cambio, él le entregó de su hermosa hija en matrimonio.

Con su madre también fue muy generoso, pues le construyó un palacio y nunca más hubieron de pasar hambre. Él cambió y se convirtió en un muchacho gentil y caritativo con los pobres. Todos sintieron gran admiración por él y por la familia que formó con la princesa.

FIN

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Publicado por: Erika GC

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